Almanzora

La Asociación Ver de Olula lucha por subsistir ante la falta de recursos

  • Este grupo atiende a niños discapacitados del norte de la provincia · Cuando se cumplen 22 años desde su creación, la entidad atraviesa el peor momento de su historia por la falta de fondos

Hay cosas que son difíciles de entender, máxime cuando la realidad salta a la vista. En este escenario de miopía institucional, al que da la impresión que se está acostumbrando la sociedad, aparecen asociaciones, colectivos y grupos de gente, que por no levantar la voz, o no conocer el articulador de turno, nadie se entera de sus problemas. Ver de Olula es una de ellas. Constante, coherente y en silencio, durante sus 22 años de vida ha estado trabajando en pro del bienestar social de los discapacitados de la comarca del Almanzora.

En aquellos tiempos comenzaron con talleres de manualidades, un aula de educación de adultos, gestión y tramitación de ayudas individuales, y asesoramiento a las personas del colectivo. En 1999 crearon un Gabinete de Atención Pedagógica, para apoyar especialmente a niñas y niños escolarizados afectados por alguna discapacidad y por tanto que presentaban necesidades educativas especiales.

En 2001, en las antiguas dependencias del Centro de Profesores de Olula del Río, ponen en marcha el Servicio de Rehabilitación Integral, donde se comenzaron a atender las más diversas patologías, en su mayoría niños de corta edad. Y fruto de este trabajo, en 2002 se firma con la Consejería de Salud, un acuerdo para la prestación de Servicio de Atención Temprana.

Un largo camino recorrido, ayudando a cientos de familias, pero que a día de hoy se resume en "la situación más complicada de los 22 años de vida de la entidad". Más de 50 voluntarios, y 400 socios que pagan una cuota simbólica de dos euros, aunque abonarla es optativo. Sobran dificultades y falta dinero. Las cuentas no salen por ningún lado, han ingresado 120.000 euros y gastan 191.000 euros.

Visita a las instalaciones del Centro en Olula del Río, y allí explican que son 55 los niños que acuden actualmente a rehabilitación y apoyo, de los cientos y cientos que han pasado por allí.

"El que pasa por aquí se engancha", con esa frase Enrique y Manoli, resumen su conexión con la Asociación Ver de Olula, quienes primero les dieron esperanzas, y luego resolvieron el problema de su hija Alba, que ahora come habla y se maneja con absoluta normalidad. "El médico nos había dicho que toda su vida sería alimentada con suero; otro nos habló de las pocas esperanzas de mantener a nuestra hija con vida, y fue cuando decidimos llevarla a casa; posteriormente y gracias a Dios, llegamos aquí", relatan mientras Alba sonríe.

Alba, tenía soldadas las cuerdas vocales, no comía ni hablaba, hoy tiene nueve años, "pero sus seis primeros años de vida fueron de lucha cotidiana", recuerda su madre. Mientras conversa acerca del centro con su director, Paco, que sentado se tiene que ir.

Paco adoptó un niño hace años y nadie le dijo que tendría problemas para caminar. El niño no anda y está en tratamiento. Paco se tiene que ir, porque se derrumba al oír nuestra conversación. Esa es la tónica del recorrido por esta institución donde todos, profesionales, voluntarios y familiares, están dispuestos a seguir arrimando el hombro por Ver de Olula, aunque en esta ocasión el déficit es tan grande, que puede acabar condenándola a su clausura. No piden limosna, necesitan gestionar; que les den una oportunidad.

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