Bruselas, destino final de la cruzada por el ferrocarril

  • Una delegación de la Mesa aterrizó ayer en la capital de Europa para reinvidicar más inversiones y sacarle los colores a un Gobierno que está castigando a la provincia

Destino final es una saga de películas de terror basadas en un guión escrito por Jeffrey Reddick para la serie de televisión X-Files, aquí traducida como Expediente X, un título que definiría a la perfección la situación de ostracismo ferroviario a la que ha sido condenada la provincia de Almería mientras se impulsaba la llegada del AVE a una treintena de capitales españolas desde que entrara en funcionamiento la primera línea entre Madrid y Sevilla el 21 de abril de 1992. Dentro de un erróneo modelo ferroviario radial se ha ido dibujando una España de dos velocidades que no atiende a más criterio que el clientelismo político y los tics partidistas, realizando inversiones millonarias en las provincias de origen de ministros y presidentes y proyectando incluso estaciones de AVE en localidades de 26 habitantes -Otero de Sanabria- mientras que en otros territorios del país, como Almería, todo han sido incumplimientos y retrasos de un calendario perpetuo que colmó el vaso de la paciencia de los almerienses con el tapiado de los túneles de Sorbas y la rescisión del único contrato adjudicado en los casi seis años de Gobierno de Rajoy. Una legislatura completa, otra exprés y una recién estrenada con el mismo resultado: cero kilómetros. Y como ocurriera en Destino final, un grupo de personas ha decidido rebelarse y luchar contra el determinismo y la predestinación, no esperando al fatal desenlace. Almería se ha convertido en una isla ferroviaria anclada en el siglo XIX con una red convencional de tren que se ha ido desmantelando y que castiga a los usuarios con transbordos y viajes eternos a Sevilla y Madrid. No se ha ejecutado ni un euro de los más de 417 millones presupuestados bajo el mandato popular y 614 millones más se perdieron en tiempos de Zapatero a pesar de que la línea de Alta Velocidad a Murcia forma parte del Corredor Mediterráneo, una de las redes transeuropeas de transporte prioritarias para Bruselas. La Mesa en Defensa del Ferrocarril aterrizó ayer precisamente en la capital de la nueva Europa que brotó de los Tratados de Roma que este fin de semana cumplieron 60 años para buscar el amparo de las instituciones comunitarias y denunciar una injusticia que lastra la competitividad de las empresas almerienses y la igualdad de oportunidades de los habitantes de la provincia. Diez integrantes de la plataforma mantendrán entre hoy y mañana una decena de encuentros con eurodiputados y representantes de la Comisión de Transportes, el Consejo Económico y Social y la Agencia Ejecutiva de Innovación y Redes para exponer, con dossier en mano, la vía muerta en la que se encuentra el ferrocarril almeriense. "To call a spade a spade", como bien resume el refrán inglés, contarán la verdad de las cosas, lo que viene siendo las cuentas claras y el chocolate espeso. Más allá del resumen en versión digitalizada de la verborrea institucional y de la plaga de mentiras del Ejecutivo del PP, la Mesa del Ferrocarril acude con datos tan contundentes como los 168 millones de euros en logística que podría ahorrarse el sector agroalimentario en la provincia, el pilar de la economía almeriense que exporta por valor de más de dos mil millones de euros en frutas y hortalizas, una cifra similar a la de la inversión que resta al AVE a Murcia. Después de llevar las reivindicaciones al Parlamento de Andalucía y al Congreso de los Diputados, con viajes-protesta a Sevilla y Madrid, el lobby en el que se han integrado medio centenar de entidades y agentes económicos y sociales de la provincia tiene su final de trayecto en Bélgica, la última vía transitable por la concentración de los centros de poder continentales y su impacto en el conjunto de países. Allí acudieron hace unos meses Carles Puigdemont en defensa de su referéndum y Susana Díaz para analizar la importancia de los fondos comunitarios en la región andaluza. También lo hizo el siempre controvertido Boris Johnson para explicar el Brexit. No hay causa justa, o disparatada, que no se quiera visibilizar en la capital de la maquinaria administrativa y burocrática y sede de la Unión Europea desde que echara a andar el primer AVE entre Madrid y Sevilla. Siempre nos quedará Bruselas. Es la única manera de sacarle los colores al Gobierno de Rajoy y a sus sucesivos ministros de Fomento (Ana Pastor, Rafael Catalá e Íñigo de la Serna), al menos así lo entienden los diez expedicionarios que ayer se plantaron en el corazón del continente gracias a la invitación cursada por el Grupo Socialista Europeo y, en concreto, la parlamentaria granadina Clara Aguilera. Ha sido la última en sumarse a una cruzada en la que llevan demasiados años la patronal, el lobby Ferrmed y la Mesa del Ferrocarril y otros colectivos como Califal que han surgido del descontento de la ciudadanía.

El viaje hacia el corazón de Europa partió a las diez de la mañana de ayer desde las puertas de La Salle para poner de inmediato rumbo al aeropuerto de Málaga a través de la Autovía del Mediterráneo, una infraestructura que fue "priorizada" por el Ejecutivo de Rajoy en su primera legislatura y empleada como excusa para la falta de inversiones en el resto de proyectos que necesitaba la provincia como los del ámbito ferroviario. La expedición que hoy se entrevistará con algos cargos de la Comisión de Transportes y representantes de los diferentes grupos parlamentarios está formada por el coordinador de la Mesa, José Carlos Tejada, los sindicalistas José Haro (CCOO) y Juan Antonio Tapia y David Siles (UGT), el presidente de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almería (Asafal), Jesús Martínez Capel, el arquitecto Alfonso Rubí, el presidente de la FAVA Espejo del Mar, Liberio López, el secretario general de COAG, Andrés Góngora, el vicepresidente del Grupo Ecologista Mediterráneo, Antonio Fernández, y el periodista José Antonio Fuentes. Se sumaron también los líderes de PSOE e IU, José Luis Sánchez Teruel y Rosalía Martín, y hoy lo hará Juan Carlos Pérez Navas en el encuentro con la eurodiputada Clara Aguilera. También estará la socialista Sonia Ferrer el último día. Los grandes ausentes vuelven a ser los empresarios y el alcalde de Almería, que se había sumado a concentraciones y viajes reivindicativos, tampoco se ha subido a la última escala por el ferrocarril almeriense.

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