Bacares recibe a cientos de romeros en un fin de semana de reencuentros

  • Los que un día emigraron hacia Cataluña vuelven cada 2 de febrero al pueblo que los vio nacer · Gastronomía y emociones se dan la mano en la perla de Los Filabres

Bacares es durante este fin de semana un lugar de reencuentros y convivencia entre los ciudadanos que viven en el municipio y aquellos que un día, tras cesar la actividad minera, tuvieron que emigrar a Cataluña en busca de un futuro mejor. A las 9:30 de la mañana el silencio que caracteriza al municipio se rompió nada más llegar dos autobuses catalanes a la plaza del Ayuntamiento.

Lágrimas de alegría, los nervios a flor de piel y el corazón encogido al volver a pisar la tierra que les vio crecer, era el sentimiento generalizado de los más de 150 bacareños afincados en Cataluña que viajaron durante toda la noche para poder pasar dos días inolvidables entre los suyos. "Venimos todos los años y lo que se siente nada más pisar la plaza no se puede describir. Cuando escucho a la banda de música de Bacares siento una emoción tan fuerte que cierro los ojos y me traslado a otra época en la que todos éramos tan felices y con tan pocos caprichos, allá por los años cincuenta", manifestó una bacareña que apenas podía articular palabra entre suspiro y suspiro.

El tiempo respetó la fiesta y para entrar en calor y combatir los siete grados de temperatura que marcaba el termómetro, el Ayuntamiento invitó a todos a un desayuno tradicional, con una variedad de dulces caseros que las mujeres del pueblo habían elaborado la noche anterior. Roscos fritos con azúcar, bizcocho y torta de chicharrones con un café .

Sobre las doce del mediodía, para abrir boca, las parrillas se llenaron de chorizos y morcillas que hicieron las delicias de los que quisieron estar presentes en la festividad. Todo artesanal y como antiguamente se elaboraban los embutidos. Las mujeres de Bacares, que son las que llevan la voz cantante en este evento, llevan dos semanas de preparativos para que todo salga a pedir de boca. Bien se merecen una condecoración por todas las felicitaciones que recibieron y por la grandeza de la gastronomía que ofrecieron en la romería.

El olor a leña quemada y a un amplio abanico de sabores comenzó a perfumar la plaza y a despertar el hambre. Los romeros se agolpaban en fila porque no querían perderse el arte con que los cocineros movían una gran paella para 700 personas, que fue el plato fuerte del primer día de convivencia. "La presencia inmejorable y el sabor una exquisitez para el paladar", describieron la comida los que probaban el primer bocado de arroz. Y es que como dijo Benita Gallardo, "si se hace con cariño, nada puede salir mal. Y si algún ingrediente especial se ha añadido ha sido precisamente éste".

La emoción volvió a brotar en los ojos de los bacareños a las cinco de la tarde. Ahora todos los honores son para el Santo Cristo del Bosque. Desde Cataluña hasta Bacares viajaron más de medio centenar de centros florales para rendir homenaje al patrón. Al Cristo que todos, aunque desde la distancia, nunca han dejado de querer, por mucho tiempo que haga sin haberlo visto de cerca.

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