De Barcelona a Albanchez, 'El Rosao' vuelve a su pueblo

  • Después de pasar gran parte de su vida en la ciudad condal, Juan Padilla pasa los años de su jubilación en su municipio natal

Cada momento de la vida marca a la persona por un motivo. El lugar de nacimiento se convierte en un acontecimiento que marca a la persona, y ese rincón del mundo, en muchas de las ocasiones, se convierte en el predilecto aunque no se pise durante años. Es el caso de Juan Padilla, que lo conocen en Albanchez con el apodo de El Rosao, y ha pasado gran parte de su vida en Barcelona. Después de labrarse su futuro en la ciudad condal, ahora ha vuelta a su pueblo natal para disfrutar de la tranquilidad y idiosincrasia que le ofrece.

Con su coche, matrícula de Barcelona, lo aparca y lo primero que hace es hablar sobre fotografía porque "soy un gran aficionado", y mientras comenta sus gustos musicales y artísticos saluda los distintos vecinos que pasan a su lado. Uno de sus amigos, José Sáez, lo acompaña en parte de la entrevista, pero en el momento más melancólico sigue su camino.

Después de vivir un matrimonio cargado de felicidad y con el nacimiento de sus hijos, El Rosao vive solo en Albanchez. "La convivencia es complicada", asegura mientras recuerda los años tan fructíferos que le queda de su vida conjunta. "Los dos pilares fuertes de mi vida siempre han sido el trabajo y la familia", asegura el vecino.

Su vida en Albanchez es feliz porque es otra forma distinta de afrontar los días: "Estoy nueve meses aquí y tres en Barcelona. En el pueblo estoy mejor que allí. El sol hay que disfrutarlo, vivo estupendamente". El Rosao relata con orgullos los orígenes de su apodo: "Mi abuelo se vino con 25 años al pueblo, se casó por amor".

Recuerda parte de su árbol genealógico y pasa por su mente compra y venta de fincas y terrenos, los que ya no están pero permanecen en su memoria y los que aún continúan dándole un sentido más amplio de lo que significa vivir, como sus hijos y nietos.

El vecino de Albanchez presume de "palacete" y se muestra servicial ante los más próximos. Una invitación para comer migas y ganas de entablar una comida de sobremesa, charlar con los amigos y recordar viejos momentos revividos en el pueblo.

El brutal cambio de estilo de vida de Barcelona a Albanchez se muestra en pequeños detalles, y el día a día se vuelve costumbrista: "Me dedico a vivir pimientos secos, paseo por las calles del pueblo porque me gusta hablar con la gente de aquí".

El Rosao asegura que los vecinos de Albanchez son receptivos a toda persona que viene de fuera: "Reciben con los brazos abiertos a todo el mundo, con la llegada de los ingleses a vivir al pueblo tienen otra mentalidad", asegura.

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