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Calle Arráez (VII y último)

  • Punto y final. Concluimos la serie dominical dedicada a la céntrica calle Arráez. Con ella hemos pretendido difundir su historia, sus personajes y el edificio hoy sede del Archivo Municipal

Calle Arráez (VII y último) Calle Arráez (VII y último)

Calle Arráez (VII y último)

Llegado a término el serial dedicado a la calle Arráez, recopilamos. Se abrió a extramuros de la al-Madina, en el arrabal de la Musalla u Oratorio, como nexo de unión entre el embarcadero, ciudad antigua y nueva: de Puerta de la Imagen a la de Pechina (Purchena). Paulatinamente se iría adensando con edificios de notable prestancia, destacando los de Romero Balmas, hermanas Palmira Colacios, Flechas Navales y Archivo Municipal "Adela Alcocer" (AMAL), errónea y tozudamente publicitado (desde la ignorancia, incluso del propio Ayuntamiento y medios de comunicación) como palacio de los Marqueses de Cabra. José Jover Giral -rico comerciante de origen catalán- adquirió a Juan Campana y a Manuel Villalobos sendas casas bajas para la construcción de su mansión solariega: 845 m/2, 42 y 38 habitaciones distribuidas en dos alturas y fachada a tres calles. Protegida con el grado "2" por el PGOU, no está declarada BIC.

Después del hundimiento parcial en febrero de 1879 que provocó la muerte de cuatro personas -viuda e hijo incluidos-, la propiedad pasó a la primogénita, María Jover Greppi (1832-1903), también viuda tras su malcasamiento con Martín Belda, 1º marqués de Cabra. Hasta aquí, resumida, su secuencia decimonónica, continuada en la siguiente centuria con distintos dueños y usos. En el Registro de la Propiedad nº 1 se anotan un total de diez inscripciones: compra, venta, cesión e hipotecas. Debemos añadir que en la primera decena del pasado siglo una parte del edificio estuvo alquilada a la Hacienda Pública y que aquí se avecindó (escuela y vivienda) el granadino Antonio Rodríguez Espinosa, tutor y maestro de Federico García Lorca cuando el inmortal poeta residió de niño en la capital durante un par de cursos. Aunque dada la singularidad del tema merecerá un tratamiento aparte en su momento.

La vivienda de José Jover acogió, entre otros, a la Casa del Pueblo, Acción Católica, COPE y HOAC

REGISTRO DE LA PROPIEDAD

Tras el asentamiento en favor de María Jover, por herencia, a su muerte la finca pasó a propiedad de los albaceas testamentarios (González Canet y Antonio Andújar) y después al Banco de España, al ejecutar una letra de cambio de 40 mil pesetas girada y no saldada por aquella. La entidad bancaria se la vendió a Miguel León, agricultor y vecino de Rágol. Posteriormente, el Obispado pastoreado por Manuel Casares Hervás se la adquirió a Miguel Alcaraz Guil, descendiente del anterior. Finalmente, con fecha 22-VII-1986, la Diócesis la cede y transmite al Excmo. Ayuntamiento de Almería a cambio de ciertos volúmenes de aprovechamiento, de los que no se solicita operación, "valorando el inmueble cedido en dos millones quinientas mil pesetas, habiendo sido ratificado por este en sesión extraordinaria de 27 de enero de 1986". Los volúmenes (solares u otros) no se explicitan en el Registro. Como adelantábamos en capítulos atrás, la Junta de Andalucía rehabilitó en profundidad el palacete neoclásico bajo la dirección del arquitecto Nicolás Cermeño, destinado al específico uso actual de Archivo Municipal.

OTROS USOS

Independiente del aprovechamiento obtenido por sus sucesivos dueños como domicilio familiar, este ha estado ocupado en variados menesteres: enseñanza pública, políticos, radiodifusión y religiosos. Apuntada ya la sede de Hacienda y del profesor Rodríguez Espinosa, damos cuenta de cuatro de ellas. Un ensayo de Nazario Yuste (La Escuela de Magisterio de Almería) indica que en enero de 1921 en este núm. 10 de la calle Arráez se instaló la Escuela Normal de Magisterio: "El alquiler es por cuenta de la Diputación, lo que no debe ser de mucha solvencia... ".

Aquí permanecieron hasta 1924 en que se trasladaron a la c/. Sagasta (General Tamayo). Bien en régimen de alquiler o por cesión de su titular, durante la 2ª República y en el trienio de la guerra civil el sindicato socialista UGT lo destinó a Casa del Pueblo. Diario de Almería (cabecera periodística anterior a la confrontación fratricida) informó el 26 de julio de 1936 de como las tropas al mando del capitán Fuster Rosiñol avanzaron por la Almedina hasta ocupar la Comandancia de Carabineros, en c/. La Reina. Situada enfrente, la Casa del Pueblo opuso resistencia a los militares rebeldes del cuartel de La Misericordia, aunque no tardaron en rendirla.

Desde 1962 la casa era propiedad de la diócesis almeriense. Adecentado tras las vicisitudes sufridas, fue sede de Acción Católica y de la HOAC. Cuatro años más tarde y bajo la dirección de Antonio Pumarola (sucedido por Francisco Moncada), el obispo Ángel Suquía Goicoechea, futuro presidente de la Comisión Episcopal Española, bendijo e inauguró el 1 de noviembre de 1966 las instalaciones de Radio Popular (Cadena de Ondas Populares Españolas). El 22 del citado mes y año emitió por vez primera.

ANEJA DE MAGISTERIO

A poco de finalizar el conflicto bélico, el Ministerio de Educación -quizás advertido del precedente académico durante la dictadura primoriverista-, rescató parte del inmueble para Graduada Aneja a la Normal de Magisterio. En la décadas de los cuarenta-cincuenta gozó de la proximidad de dos escuelas municipales más en la Almedina, con las que cubrió el acusado déficit de escolarización infantil en el populoso barrio. Bajo la dirección de Francisco Urbano, la Aneja contó con un claustro de 5 maestras y 8 maestros, tan vocacionales como mal pagados. Tres de ellos la alternaban (en clases nocturnas) con la academia privada "Colegio Español", regido por José Luis Martínez en los altos de la Bodega Montenegro, en plaza Castaños. Distribuidas las aulas por el inmenso caserón, tenían el jardín aledaño al callejón del Milagro y el espacioso terrado con vistas a la Alcazaba como espacios para el recreo. Entre el profesorado cabe distinguir la figura de José Martínez López (1910-1997), casado con la también docente Elena Capel Lacasa. Don José dejó la impronta de su enorme capacidad pedagógica en los sucesivos cursos en que impartió con aprovechamiento las asignaturas más áridas, merced a sus contrastados conocimientos y cercanía al alumnado; suplementando el temario obligatorio con diversas actividades manuales en talleres organizados por él mismo. Su talante altruista le llevó a dar clases gratuitas a aprendices del Comercio en el local del Frente de Juventudes; o a conducir programas culturales ("Charlas desde mi Pueblo") frente los micrófonos de Radio Juventud. Todo un paradigma de los nunca bien ponderados maestros de posguerra

Al concluir el extenso sainete dominical, me doy por satisfecho si he logrado mostrarles una parte de nuestra particular historia. No tanto las nobles piedras y arquitectura decimonónica, que también, sino las mujeres y hombres que en mayor o menor medida la protagonizaron. En esta ocasión una respetable rama del apellido Jover. Y un ruego final: abandonemos el enquistado remoquete de "Marqueses de Cabra" y citémosle por su verdadero nombre: Casa Jover. ¿Tan difícil es deshacer el error?, ¿no es de sabio rectificar? Pues eso. Salud y suerte.

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