El reportaje

El Ejido, el mar lleva dentro Salinas y salineros

PARA mediados del siglo XVIII el Catastro de Ensenada localiza con precisión, "desde la punta que llaman de Las Entinas a la torre de Los Cerrillos", las salinas ejidenses, herencia romana, musulmana y de la nueva sociedad conquistadora cristiana y sus descendientes.

De nuevo Simón de Rojas, en la citada obra, proporciona valiosos datos para conocer la actividad salinera:

"La salina de Roquetas saca la mayor parte de su sal de la jurisdicción de Dalías y el resto de la de Roquetas, a saber de los charcos inmediatos a la playa que en invierno llena el agua de invierno y en que cuaja en verano mucha más sal que la que lleva a la salina, por lo que los dependientes de ésta ensucian la que queda en los charcos.

La mayor parte de los charcos entre la torre de Entinas y la de Los Cerrillos que distan cerca de dos horas, entre el castillo de Guardia Vieja y la torre de Las Entinas, que distan entre sí poco más de una hora, sitas cada una en las puntas que limitan la gran media luna que podría ser puerto de Dalías; hay alguno de estos charcos que guardan los guardas, y ensucian ya que no se lleva la sal de ellos a la salina.

La casa de las salinas está enteramente arruinada por los temblores. En el Campo de Dalías se oyen algunos temblores que en el pueblo no se sienten.

El agua lluvia penetra en el terreno cada año, la evaporación del verano que le eleva la sal con ella, sal que en el otoño próximo han de arrastrar las lluvias a las charcas o charcos.

Como a media hora y al este de Guardias Viejas y a poco menos del rebalaje están los famosos Baños de Guardias Viejas… ya por aquí vimos algún charco de agua y, marchando hacia la torre de Las Entinas, bordeamos luego otro que, aunque no ancho, tiene una legua de largo, otro igual hallamos que corre desde antes de la torre de Cerrillos hasta la salina de Roquetas. Más estos charcos tan largos deben su extensión a lo muy lluvioso del invierno, pues luego que se vayan cortando por la sequedad quedarán reducidos muchos como lo están siempre, especialmente por verano, en esta estación parece que llegan a secarse del todo, dejando cubierto de sal el sitio que ocupaba su agua.

Esta sal recogen para el surtido de la Salina que abastece a la Alpujarra y parece podría abastecer a toda la Nación si recogiesen toda la sal que, por no necesitar, ensucian especialmente en los charcos que más distan de la Salina; en ésta había ahora dos enormes montones de sal. ¿De dónde proviene esta sal?, ¿No he podido apurar si mana alguna agua salada, en los charcos, que viniese del mar?

Dicen los de la Salina que toda el agua de los charcos es salada y llovida y que la sal es de la misma tierra, lo que no me atrevo a negar, en efecto, éste es el caso y pues que si la sal fuese muy superficial, en un terreno que tiene tanta, ya las aguas lluvias la hubieran lavado toda; parece preciso suponer que el terreno está impregnado hasta muy gran profundidad, y en gran copia que eleva la evaporación a la superficie".

En Guardias Viejas se instaló un grandioso complejo salinero, en el que destacaban en el primer cuarto del siglo XX, junto con los extensos depósitos de evaporación y edificios anexos, el puerto de embarque de la sal y la avanzada tecnología, todo puesto de manifiesto en las excelentes fotografías de Gabriel García Fornieles, y en los, igualmente excelentes y bien documentados, estudios de José A. Peña Fernández. La Guerra Civil y sus consecuencias terminaron con la actividad salinera ejidense.

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