Fiesta de la Primavera (II) Saetas en la prensa

  • Implantación. Gracias a la memoria escrita comprobamos como el cante de saetas cobra interés en la capital a comienzos del siglo XX. Lamentablemente, disponemos de escasos nombres propios

Cuatro sayones le siguen,

veinte soldados le aguardan,

y tras Él las tres Marías

llorando van enlutadas

(Francisco Villaespesa)

NTanto en tratados específicos como en obras generalistas de divulgación, la literatura flamenca le reserva a la Saeta un espacio nada desdeñable. Por poner un ejemplo de libro influyente y glorificado entre los aficionados, en Mundo y Formas del Cante Flamenco (1979) sus autores, Ricardo Molina y Antonio Mairena, tras apreciaciones superficiales sobre su "sentido místico" y orígenes históricos inciertos, describen las localidades cantaoras andaluzas (en las que, para variar, no se incluye a Almería) y enumeran a los más afamados creadores en tiempos pasados: de Silverio Franconetti a Manuel Vallejo, pasando por Enrique el Mellizo, Manuel Torre, El Gloria, Centeno, Tomás y Pastora Pavón. Sin embargo, no es el capítulo más creíble y acertado del poeta pontonés y el pontífice del cante gitano-andaluz. En cambio, y puestos a recomendar títulos, indicaría tres de muy variado contenido y mayor verosimilitud: Semana Santa en Sevilla (Eugenio Noel, 1916), Saetas, pregones, y romances litúrgicos cordobeses (Luis Melgar y Ángel Marín, 1987) y ¿Quién me presta una escalera? (José Luis Ortíz Nuevo, 1997). Y publicado en estos lares, un poemario de lirismo rotundo y sabor local: Saetas de Almería (Aníbal García Rodríguez, 2012).

PRENSA ESCRITA

Al igual que Ortíz Nuevo en Sevilla, nosotros hicimos una recopilación hemerográfica (inédita) de lo publicado por la prensa almeriense en las dos últimas centurias. A diferencia de aquella, las noticias, amén de escasas se limitan frecuentemente a una rutinaria coletilla: "Al paso de las procesiones se escucharon sentidas saetas". No obstante, gracias a esta memoria escrita disponemos de suficiente material como para poder afirmar que al iniciarse el siglo XX (coincidiendo con la consolidación procesional del Santo Entierro y de La Soledad) tal práctica canora estaba fuertemente arraigada, especialmente entre las capas sociales más humildes; posible razón por la que los "papeles" no se hacen eco de sus protagonistas ni el tipo de coplas salmodiadas. Destaca por el contrario el considerable número de letras debidas a las llamadas "plumas cultas": el poeta malagueño Narciso Díaz de Escovar, eruditos locales o, excepcionalmente, del laujareño Francisco Villaespesa. La Crónica Meridional, La Independencia y Diario de Almería son las cabeceras periodísticas que más información proporcionan.

PROVINCIA

Curiosamente, las primeras notas nos llegan de la provincia (abril, 1910) en sendas gacetillas dando cuenta del desarrollo del viernes Santo. Así, en Vélez Rubio, por "iniciativa del culto y probo Registrador del Partido, secundado por otros piadosos señores, cantáronse muchas e inspiradas saetas, que fueron muy del agrado del público y ayudaron a dar mayor brillantez al acto". Desde Berja aluden a su antigüedad, por tanto se trataría de coplillas preflamencas: "Las procesiones se han verificado como siempre, con mucha gente… Y las tradicionales saetas con más amor y menos escándalo que otras veces". La obsesión por el orden público resulta recurrente. Dos años habían transcurrido cuando el corresponsal en Tabernas de La Crónica afirma entusiasmado que la villa, dado el lujo de los cortejos, "parecía una pequeña Sevilla". Tras citar al alcalde y hermanos mayores de las cofradías de Ntra. Señora de los Dolores, Santo Entierro y Soledad, enfatiza sobre esta última que Los Ángeles (grupo devoto de mujeres y niñas) "con sus saetas y cánticos alusivos al acto han estado muy bien".

Los distintos diarios siguen publicando poemas bajo el epígrafe genérico de "Saetas"; reseñando la tradición de los "Judas" el sábado de Gloria, anunciando el cierre de los comercios el jueves y viernes o de que el concurso de Cante Jondo a celebrar en Granada durante el Corpus (el hoy mítico concurso de 1922) incluye a la saeta en el tercer grupo, junto a soleares y serranas. Las últimas noticias recabadas en pueblos (ya en 1934, periodo conservador de la II República) corresponden a Rioja (el año anterior habían profanado el templo parroquial y quemado imágenes y enseres), Sierro, Purchena ("saetas locales en que la dulzura y buen gusto merecieron unánimes aplausos"), Laroya (colectivas, cantadas a coro) o a la cercana Cabo de Gata: "Con gran fervor se ha celebrado en esa barriada las tradicionales procesiones y oficios divinos, viéndose en todas ellas un entusiasmo jamás conocido, no faltando las típicas saetas cantadas por hombres y mujeres".

Frecuentemente ponderan (no sin cierta envidia) la supremacía de Sevilla, a la que los almerienses acuden a título particular o en viajes organizados. Es el caso (abril, 1935) del Grupo Lanchafri (club deportivo multidisciplinar). Allí, "deslumbrados de la hermosa perspectiva que presentaba sus calles y paseos" y después de presenciar emocionados los bellos tronos con las tallas de El Cachorro, Gran Poder, Esperanza Macarena y de Triana… "escucharon sobrecogidos las saetas del Niño Mairena (Antonio Cruz García), viendo como lloraban los sevillanos".

VOCES DOLIDAS

De regreso a la capital nos vamos a encontrar a aficionados sumidos en el anonimato y profesionales más o menos conocidos en calles y plazuelas, a la puerta de las iglesias o en un balcón del Paseo. Debían venir de antiguo. Originarias voces de viacrucis en la Almedina y San Sebastián de las Huertas. Jaculatorias de rosarios de la Aurora a expensas de cofradías de Ánimas y hermanos del Pecado Mortal. Corroborando así lo expuesto por el sevillano Benito Más y Prat en su obra "La tierra de María Santísima":

Las saetas, rapsodias populares de los Evangelios, conservan en la imaginación del pueblo andaluz, vivos y con sus tristes colores, todos los destellos de la gran epopeya del Gólgota, observándose en sus ligeras y muchas veces incompletas estrofas, los toques magistrales de esa musa sencilla y apasionada a la vez que vive en medio del arroyo y suele pisar el légamo sin mancharse.

Parroquias, capillas y conventos rivalizaban en la confección del Monumento. El jueves la visita a estos Sagrarios era de obligado cumplimiento en la Almería creyente. Y a la entrada de los templos (1916, 1923) una legión de menesterosos que a cambio de unas monedas cantaban coplillas de las que desconocemos música y letra. Aunque ya flamencas, casi seguro. En próximo capítulo abordaremos lugares, nombres y prohibiciones:

Desde las primeras horas de la tarde comenzaron a visitar los Sagrarios las fuerzas de Carabineros y de la Guardia Civil, hermanos de la Doctrina Cristiana, seminaristas y asilados de Santa María Magdalena. A la puerta de las iglesias varios mendigos entonaban sentidas saetas…

En las inmediaciones de algunas iglesias se situaron cantadores de saetas, recibiendo numerosas limosnas. Afortunadamente no hubo que lamentar ningún incidente desagradable

Me duele verte tan triste,

Soledad, me duele tanto,

que mi garganta se rompe

en las saetas que canto

(Aníbal García)

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