La Historia contada en monedas

  • El joven ejidense Francisco Cañabate lleva más de 15 años coleccionando dinero en metálico que guarda en su casa · En la actualidad posee más de 10.000 piezas procedentes de 94 países y de distintas épocas

Las monedas han sido usadas como dinero durante miles de años y coleccionar estas diminutas piezas de historia se ha convertido en un pasatiempo popular. Para muchos, la colección de monedas es una verdadera pasión, la auténtica caza del tesoro. Si bien no resulta difícil encontrar un amante de la numismática, sí lo es encontrar a uno que a pesar de tener tan sólo 25 años, lleva desde que apenas tenía diez años coleccionando monedas del mundo. Se trata del ejidense Francisco Cañabate. Años en los que ha conseguido agrupar miles de monedas. "No sabría indicar el número de monedas que tengo exactamente, pero puedo hacer una estimación por encima de las 10.000", afirma Cañabate. Actualmente tiene monedas de 94 países como Trinidad y Tobago, Uganda, Siria, Singapur, Macedonia, Haití, Armenia, China…, pero, según asegura "aunque parezcan muchos países, aún me quedan muchísimos más de los que conseguir monedas". Toda su colección está meticulosamente archivada "por país, por gobierno, por año y valor facial, incluso tengo una tabla de Excel en la que las voy contabilizando y añadiendo cada una de sus características", añade.

Su interés por la numismática comenzó cuando cursaba quinto de Primaria. Ese año, para el Día del padre, 19 de marzo, su profesor, Francisco Gómez, les mandó hacer una actividad totalmente distinta a la de años anteriores y que quedaría como regalo ideal para los padres del alumnado. "Hizo que los alumnos, en una cartulina, pusiéramos las monedas, en vigor, del reinado de Juan Carlos I y algunas monedas de la República y de Franco, con ello nos hizo ver que no sólo las monedas valían para pagar sino que la numismática también representa parte de nuestra historia y de nuestro Patrimonio", recuerda ilusionado. Para rellenar aquella cartulina "pusimos alerta a nuestros padres y familiares, yo me lo tomé muy en serio, especialmente por la ilusión que me despertaba regalárselo a mi padre, ya que era algo muy distinto y más original que lo de todos los años. Aun recuerdo la moneda de una peseta de 1944 que me envió mi tío de Sevilla porque no la conseguía, la ilusión era tal que moví cielo y tierra. Al final las conseguí todas". Aquella actividad escolar despertó su interés por coleccionar me pareció algo muy curioso, que me hacia distraerme y relajarme, a la vez me hacía mucha ilusión conseguir monedas y esperar llegar a casa para ver si las tenía o no".

Comenzó coleccionando sólo con las monedas de Juan Carlos I, Franco, La I República y la II República, "una vez completadas las más fáciles y las de menor valor, puesto que yo era un chaval, comencé a coleccionar también las monedas de otros países que eran muy económicas y además me las podía facilitar cualquier amigo, familiar o conocido que fuese a otro país. De hecho, siempre encargo monedas a la gente antes de irse de viaje y los que me conocen saben que es el mejor recuerdo que me pueden traer". Pero además, muchas de ellas las compra a través de Internet o en tiendas especializadas, que actualmente solamente hay dos en Almería. "También se consiguen en los rastros de los diferentes pueblos y ciudades, tiendas de antigüedades y cosas así. Esto va por épocas. No puedes obsesionarte con la colección, ni pretender conseguirlas todas y en poco tiempo puesto que hay monedas que no por su antigüedad, como piensa la gente, sino por su escasez de tirada o de emisión, que son más caras o casi imposibles de conseguir". Francisco Cañabate acumula mil anécdotas sobre cómo ha ido adquiriendo las monedas desde que comenzara su pasión por éstas. De entre esas muchas anécdotas recuerda como "siendo yo pequeño iba por las casa de mis vecinas en el pueblo de mis padres, Adra, preguntándoles si tenían monedas antiguas y si les interesaba vendérmelas o, en el mejor de los casos, regalármelas. Aquellos pequeños ahorros que conseguía los invertía en la tienda de numismática, estaba siempre deseando que mi madre fuese a Almería para acompañarla y poder pasarme por la tienda".

Tiene un especial cariño a su colección, no por el valor material sino sentimental que la envuelve. Por eso asegura que "no creo que venda nunca esta colección pues no habría nadie que me pagara lo que para mi representan, tienen mucho más valor sentimental que valor de mercado claro está. Lo que si se me ha pasado por la mente alguna vez es qué se van a hacer con ellas cuando el tiempo nos ponga a cada uno en nuestro lugar, me daría tanta lástima que mis hijos, nietos o cualquiera que las cogiera las mal vendiera o las metiera en una caja y se olvidara de ellas".

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