Legión de mujeres

  • 264 legionarias prestan servicio en las unidades de Viator y Ronda, casi el 10% de la plantilla

  • Están en todas las unidades de combate, cuerpos, escalas y destinos 

Durante más de setenta años, la Legión fue cosa de hombres, pero desde mediados de los noventa se han ido incorporando mujeres a casi todos los cuerpos y escalas hasta llegar a las 264 legionarias en la actualidad (tres oficiales, 25 suboficiales y 236 de tropa) en el acuartelamiento principalmente de Viator, pero también en Ronda. Son las novias de la muerte que han venido demostrado su valía y capacidad en todas las unidades de combate desde que tuvieron la oportunidad de alistarse. Ahora que se cumplen treinta años de la incorporación de la mujer a las Fuerzas Armadas nada mejor que analizar la presencia femenina en una de las unidades de elite más laureadas y reconocidas dentro y fuera de España. La cabo primero Raquel Alba Díaz fue una de las primeras mujeres en formar parte de la gran familia legionaria hace ya más de 23 años. Hoy pasea por el Monumento a los Caídos en el patio de armas de la base militar Álvarez de Sotomayor para hacer balance de los hitos conseguidos junto a dos jóvenes legionarias, la teniente de zapadores Blanca de Murga y la sargento primero de artillería Lorena Fernández. El año 1988 supuso un vuelco en la configuración del Ejército con la aprobación de un real decreto que permitió la incorporación de las mujeres a los cuerpos comunes (jurídicos, interventores, sanidad y músicas militares) y también de ingenieros. Entraron 26 en toda España. En 1992 se daba acceso a la escala profesional de tropa y marinería y en 1999 se reguló el principio de igualdad con todas sus consecuencias (en todos los cuerpos, escalas y destinos). En la Brigada de la Legión la primera en enfundarse el chapiri en los años noventa fue Pilar Hernández, hoy teniente coronel médico, y apenas fueron seis las que convivieron a lo largo de esa década con cerca de 3.000 soldados. Raquel Alba Díaz, natural de Córdoba, fue una de las primeras en llegar a la base de Viator. Y lo hizo junto a otras cuatro damas legionarias de la promoción de noviembre del 94. Había una en transmisiones, otra en zapadores y otra en artillería, pero todas figuraban en el boletín adscritas al Grupo Logístico y a la bandera del cuartel general. Era una función limitada de apoyo a las unidades operativas que hoy pueden liderar sin ningún tipo de complejos.

En la Legión no existe discriminación ni brecha salarial y a la hora de ascender, como bien cuentan las tres legionarias, sólo se tiene en cuenta la capacidad de estudiar e "hincar los codos" para las oposiciones y que superes las pruebas físicas que, por cierto, les gustaría que no se diferenciaran. Entienden que del cuartel hacia afuera hay más estereotipos que hacia dentro -de ahí que todavía acaparen los flashes en desfiles y eventos- y se muestran orgullosas de ser legionarias y pertenecer a una de las unidades más queridas y laureadas del ejército español. "No sabemos que tiene el chapiri que el que se lo pone nunca se lo quita", asegura la vallisoletana Lorena Fernández. "A mí siempre me han respetado, aunque a veces haya tenido que marcar el terreno y demostrar que nadie era mejor", añade la cabo primero cordobesa. La joven De Murga es la primera teniente en zapadores y nunca ha tenido ni mejor ni peor trato por ser mujer. Relata que comparten todas las funciones y servicios y sólo se dividen en el vestuario. "Si te vas de maniobras cada uno con su sección y su tienda, no existen ni hombres ni mujeres", añaden. Eso sí, la proporción sigue siendo relativamente baja y roza el 10% de la plantilla y confiesan que a veces están solas en su pelotón y echan en falta una conversación entre mujeres.

Lorena Fernández, Sargento primero. 34 años.

"Mi padre me llamaba cada semana para ver si me volvía a casa y le decía que no"

Vallisoletana de 34 años, Lorena Fernández es legionaria desde hace una década. Anteriormente en Valladolid había pasado por tropa, pero le llamaba mucho la atención La Legión y diez años después considera que no le ha decepcionado lo más mínimo. Lo que más destaca, además de que se ha convertido en una gran familia, es la disciplina. Fue la primera suboficial que hubo en su batería de artillería y siempre echó en falta tener alguna mujer más porque está todo el día con hombres. Quería ser guardia civil pero no daba la estatura, así que optó por el Ejército. "Mi padre me llamaba cada semana para ver si me volvía a casa para recogerme y le decía siempre que no y aquí sigo. Creían que iba a aguantar un mes.Al principio no querían, pero sé que ahora están orgullosos y mis amigas flipando". La sargento primero ha participado ya en dos misiones en el extranjero (Bosnia y Líbano) y se prepara en idiomas para seguir creciendo en La Legión. Tiene claro que ser mujer no será un freno.

Raquel Alba Díaz, Cabo primero. 43 años

"Tenías que demostrar que nadie era mejor que tú"

Fue una de las primeras mujeres en ponerse el chapiri a finales de 1994 y de momento no se lo ha quitado. La cabo primero Raquel Alba Díaz, natural de Córdoba, ha dedicado media vida a la Legión, nada menos que 23 años. Y eso que los principios resultaron algo difíciles. "Miedo me daba cuando llegué aquí, había legionarios con unas barbas que imponían. Sólo había una mujer y vinimos cinco más y así estuvimos durante unos años", recuerda. La cabo primero legionaria tenía ilusión desde muy joven por entrar, pero todavía no era posible la entrada de mujeres en el Ejército. En el año 1993 encontró un folleto en el buzón que informaba de que era posible acceder a tropa y no se lo pensó dos veces a pesar de que no tenía en la familia ningún militar que abriera el camino. "En aquellos años había compañeros que te trataban como si fueras de porcelana y otros que no te querían en su pelotón, pero con el paso de los años cambió, se fue incrementando la presencia de las mujeres y el trato pasó a ser de igual a igual", argumenta. "Cuando llegué aquí tenía que demostrar que nadie era mejor que yo, había presión y lloré más que un cunero, había días buenos y malos, pero no lo cambiaría nunca porque es un orgullo pertenecer a la Legión". Alba Díaz reconoce que cuando llego sólo había médicas y enfermeras y los legionarios no estaban acostumbrados a ver a una mujer con fusil, pero hoy en la base a nadie le resulta extraño el compartir trinchera en cualquiera de los cuerpos y escalas. La cabo primero sólo ha participado en dos misiones internacionales, Bosnia y Kosovo, porque desde que tuvo a su hijo se ha fijado como prioridad. "Hasta que no se eche novia mi Chema no me muevo", ironiza, ya que estaría dispuesta a volver a un escenario de guerra si su unidad se desplazada. "No hay nadie que se haya ido de la Legión y no la eche de menos", asegura. Raquel Alba Díaz fue una de las mujeres pioneras en la base de Viator, una guerrera que abrió camino y que valora con orgullo su elección. Si volviera a nacer sería legionaria.

Blanca de Murga, Teniente. 29 años

"Ni me han favorecido ni perjudicado por ser mujer, me acogieron muy bien"

La teniente legionaria Blanca de Murga ha dado un giro radical a su vida al entrar en La Legión en las oposiciones de complemento, después de estudiar arquitectura y comenzar a trabajar en Sevilla. Es un contrato temporal de ocho años al que accedió tras pasar por las instalaciones de Zaragoza y Hoyo de Manzanares. Salieron plazas en Almería, su tierra natal y no se lo pensó. "Mi madre a día de hoy sigue sin llevarlo bien, aunque están orgullosos porque me ven feliz y mis amigas igual", asegura. Considera que los dos años que llega en la base militar Álvarez de Sotomayor han sido una experiencia enriquecedora y considera un privilegio servir en una unidad querida y respetada por el conjunto de la sociedad. Eso sí, más de uno se sorprende cuando la ve sin uniforme y le pregunta a qué se dedica. Sobre el trato de sus compañeros sólo tiene palabras de agradecimiento y de unión. "Me acogieron muy bien, nadie me ha favorecido ni perjudicado por ser mujer". En los próximos años, debido al tipo de contrato que tiene, deberá dejar La legión para ir a las oposiciones de ingeniero politécnico para tener plaza fija como arquitecto militar y estaría encantada de poder volver en el futuro a la provincia. "Es como una gran familia, la Legión es más cercana y especial que las demás unidades". Pese a que inicialmente estudió la carrera de arquitectura y llegó a ejercerla, siempre había tenido la inquietud por el ejército, de hecho la trae de casa porque su padre es militar. "Tienen valores que me gustan y me permitiría compaginar el trabajo con el deporte", asegura. Desde el primer momento le han dejado dedicarse a cuestiones relacionadas con las obras y a desarrollar los conocimientos que tenía en la oficina técnica del Batallón de Zapadores y con la sección de construcción, de manera que ha seguido cultivando la disciplina en la que se formó dentro del cuartel. Sus conocidas presumen de tener una amiga teniente legionaria, pero no se lo esperaban.

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