Soledad nunca caminará sola

  • En la noche del pasado viernes la hermandad puso el punto y a parte para la salida procesional de hoy, Domingo de Resurrección

  • El frío y el viento acompañaron desde la salida a la cofradía

Han pasado las horas y los días como si no lo pareciera. Viviendo cada día como niños, con auténtica intensidad. Sin poner ningún tipo de reparo a las hora s de espera que debían de hacer todas esas personas a la salida de su imagen, hermandad o cofradía. El pasado Viernes Santo no fue menos. A lo largo de la semana se miraba siempre al cielo, para desear que la tarde acompañase. Pero ese día no fue así. El viernes todo el mundo esperaba con ansia la llegada de la noche. Pues no se trataba de una noche más como cualquier día. Era la noche de Ella, de la Soledad.

Pues como cada año desde que en 1876 que tuvo su primera salida procesional, lo hacía nueva mente en esta jornada. Cierto es que la hermandad sufrió los avatares de la historia de la ciudad, allá por el año 1936, cuando quemaron la antigua imagen hasta que cinco años después no se bendijo la nueva, obra de José Ortells Ramos. Desde entonces y como todos los años un gran numero de personas esperaron a las puertas del templo de Santiago Apóstol para recibir a esa madre llorosa que vuelve de enterrar a su hijo. Un dolor que muchos de los almerienses quisieroen compartir de la mejor manera, acompañándola a lo largo de su recorrido procesional. Caminando lentamente tras su manto, donado por la familia Barbarin allá por el año 1835.

El acompañamiento de la capilla musical 'Santo Reino' de Jaén abrió el cortejo en la cruz de guíaLas saetas pusieron el broche de oro otro año más, antes de que las puertas se cerrasen

En tono a las nueve y cinco de la noche las puertas se abrieron dejando ver a los hábitos de los primeros cuatro hermanos. Cada uno de ellos llevó un cirio de color tiniebla, en señal de respeto. Tras esos cirios de respeto y delante de la Cruz de Guía, la Capilla Musical 'Santo Reino', llegados desde Jaén, abrieron paso al cortejo entonando composiciones sacras.

Numerosos fueron los teléfonos móviles en mano y cámaras de todas las personas que había allí esperando que saliese el primer paso, el del misterio del San Juan a la vuelta del sepulcro. Una bellísima obra de estilo neobarroco en madera de cedro real, realizado por el ebanista Francisco Bailac y tallado por el mismo Francisco San Román. Sobre él se mostraba toda la iconografía realizada por el escultor Juan Manuel Miñarro López con un total de ocho imágenes sobre la mesa del misterio.

La voz de su capataz Jorge Alonso y la de sus auxiliares ponían las primeros mandatos a su cuadrilla para sacar tan bella obra de arte a los ojos de todos los que esperaban. El misterio avanzó con paso lento pero decidido sobre el recorrido marcado.

De la misma manera unos minutos más tarde, la Virgen de la Soledad atravesó los pilares de la puerta con las directrices marcadas por su nuevo cuerpo de capataces, los hermanos Basilio y Agustín García.

El avance se podía ver bajo la luz de una luna llena y unas bajas temperaturas además de un viento que se hizo notar bastante en muchos lugares de la capital. A diferencia de años anteriores, muchas partes del recorrido se encontraban desoladas y otras con muy poca afluencia de publico.

Sin embargo el calor de la ciudad se hizo notar de nuevo a la vuelta. Cientos de personas se agolparon a las puertas de Santiago para escuchar la voces de Alfonso Salmerón, Montse Pérez, Ana Mar y al Niño de las Cuevas. Con un total de siete saetas cantadas y con la pasión vivida una vez más, despidieron a la hermandad hasta el próximo año.

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