2.000 Testigos de Jehová se reúnen para celebrar el Día Especial de la Asamblea

  • Representantes de Almería, Murcia y Granada se han congregado en Aguadulce durante todo el fin de semana · Una improvisada piscina sirvió para bautizar a nueve personas en esta organización

"El emperador romano Constantino el Grande se nombró asimismo jefe y cabeza de la iglesia católica, primer Papa, su título como emperador romano era el de sumo pontífice que se conserva hoy, y a partir de ahí empezaron a dar más valor a la necesidad de estar unidos al Estado político y militar que a la creencia bíblica. 18 siglos después han hecho una Iglesia Católica muy fuerte, grande y universal, pero que se ha apartado mucho de la enseñanza de Cristo y mantiene los nombres cristianos pero abandonó las creencias cristianas. Ésa es nuestra gran diferencia", afirma Eduardo Pérez, presidente de la organización del Día Especial de Asamblea que durante este fin de semana reúne, repartidos durante dos días, a más de dos mil Testigos Cristianos de Jehová, tanto de toda la provincia almeriense como del sur de Murcia y zonas de Granada como Motril. Precisamente unos dos mil Testigos de Jehová bautizados se considera que hay actualmente en Almería.

Nueve personas, de diversas nacionalidades, eran bautizadas ayer en una emotiva ceremonia que fue presenciada en grandes pantallas por el millar de fieles, en su gran mayoría familias con niños y mayores, que se reunieron en el palacio de Congresos y Exposiciones de Aguadulce.

Fernando Marín, condenado a más de veinte años e indultado, estuvo casi 11 años en varias prisiones franquistas, entre ellas la saharaui de El Aiuun, porque se negó a hacer el servicio militar. Entonces había un millar largo de precursores del movimiento de objeción de conciencia. Llegaba desde Barcelona a la multitudinaria cita almeriense, recordando que "ser franquista y Testigo de Jehová era incompatible, pero a mí me trataron muy bien pese a las cárceles. Confiamos en que el Reino de Dios sea la solución a los problemas humanos y no tiene sentido tomar partido por cualquier alternativa humana".

En Aguadulce, los fieles y ministros toman apuntes de las charlas que reciben; aprenden en sesiones teatralizadas hechos de la vida real que han sucedido a otros predicadores o debaten sobre los textos sagrados, que todos llevan en la mano, y todo de una manera familiar, con bebés entre los brazos, abuelos y muchos jóvenes. Se conocen y se quieren entre ellos.

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