profesionalidad Un trabajo que sigue en pie desde hace años.

Tradición de la cabeza a los pies

  • Francisco Fernández, 'El limpiabotas' es el único que hoy día se dedica a esto en el municipio ·Tiene el cariño de los vecinos, que le saludan a diario y los que le llaman para que dé lustro a los zapatos

En todos los municipios existe un vecino que con el paso del tiempo, por sus características, profesión… se convierte en un emblema del lugar y en El Ejido, uno de estos emblemas personales es, sin lugar a dudas, Francisco Fernández, El limpiabotas. Un hombre noble, siempre sonriente, de piel morena y pelo oscuro, rasgos típicos de su etnia gitana.

Tiene 62 años, pero su espíritu sigue siendo el de un joven ilusionado que se "busca la vida" para sacar adelante a su familia. Desde que tenía 10 años ha venido ejerciendo la profesión que ya su padre ejercía, limpiabotas, y asegura que "mientras mi cuerpo aguante seguiré limpiando zapatos". Aunque el es abderitano, es un alma errante. Ha vivido casi un cuarto de siglo en Barcelona, donde marchó a probar suerte, y desde hace 18 años, cada día se gana el pan limpiando zapatos en El Ejido. "Al volver de Barcelona estuve un tiempo sin trabajo y como yo este oficio lo había ejercido desde niño, me fui a Almería, pero allí no ganaba nada. Nadie quería que le limpiara los zapatos, así que decidí probar suerte en El Ejido y debo decir, que gente tan noble, que me quiera y respete tanto como los vecinos de este pueblo, no hay otros", argumentaba Francisco Fernández.

Cada día, a las siete de la mañana, llega desde Adra. Aparca su coche y coge su cajón de madera, con el que emprende una larga jornada laboral allá por donde le llevan sus pies. "Tengo los mismos clientes siempre, y desde hace años. Sé dónde están y voy a limpiarles los zapatos. Además, hay gente que me trae bolsas con varios pares de zapatos para que se los limpie", apostillaba. Suele cobrar unos tres euros por limpiar los zapatos, aunque "sé cómo tratar a mis clientes, y si alguien un día me ha dado cinco euros, yo la siguiente vez no le cobro". Francisco es un hombre muy querido en la localidad, "desde los niños, a las señoras, y los señores ni qué decir tiene. Todos me quieren y me respetan mucho, por eso les estoy tan agradecido, porque gracias a ellos he podido sacar a mi familia adelante ganándome la vida de forma honrada. Dinero no tengo, pero para comer nunca me falta". Francisco Fernández es padre de dos hijos, casados, y que ya le han hecho abuelo, pero todos están en el paro. "Yo tengo que mantenerlos a todos". Cuando habla de su profesión asegura sentir cierta pena porque sabe que es un oficio que acabará desapareciendo.

"Nadie quiere este oficio. Es verdad que es muy sacrificado porque no tienes un sueldo fijo y estás todo el día de aquí para allá. Además, algo muy importante es saber estar. Los clientes siempre tienen la razón. Pero también es un oficio bonito porque la gente te muestra mucho cariño", señalaba. En esta línea, Fernández aseguraba que "aunque le he dicho a mis hijos y a mi yerno que por qué no cogen el cajón y se van a Roquetas o Vícar, a cualquier sitio a probar suerte y así se ganan la vida, a ellos no les gusta este oficio".

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