"Volveremos a pescar en el puerto"

  • Los pescadores jubilados del Muelle de Levante confían en que finalicen las obras del gaseoducto a principios de enero del año que viene. Es el único espacio donde pueden disfrutar de la pesca

Los pescadores jubilados que acudieron ayer al Muelle de Levante frotaban sus manos de alegría. Tras un año de larga espera, parece que se acerca el día en que se vuelva a abrir el puerto, en que puedan disfrutar de su deporte predilecto exactamente igual que lo hacían entonces; hace más de veinte años. El próximo mes de nenero, si todo se desarrolla según lo previsto, por fin terminarán las obras del gasoducto.

Antonio Oña, Gerardo Cerezo, Gabriel Alarcón, Rafael Pérez Hernández y el francés René Larraet llegaron bien temprano, como siempre. Para ellos pescar es más que un deporte, más que una terapia porque, ante todo, es una tradición. Una costumbre que, cuando el puerto permanecía abierto, cuentan, hacía sonar su despertador a las tres de la mañana. La noche, hasta la llegada del amanecer, cuenta con las mejores horas para pescar. "Preparábamos los aparejos y las cañas, cogíamos la silla, el cubo y pescábamos hasta que el cuerpo aguantara. No teníamos las restricciones horarias a las que nos someten aquí, en el Muelle de Levante", indica uno de ellos.

El arte de la pesca exige técnicas muy específicas. La distancia del hilo, la situación del corcho, el peso del plomo o la colocación adecuada del cebo son, sin lugar a dudas, conceptos que debe conocer cualquier aficionado. "Es un deporte como otro cualquiera. Hay unas normas, pero cada uno las emplea a su manera. Soy partidario de pescar con pienso, gambas o calamares. Como en el puerto hay más fondo empleo más cantidad de hilo que si tuviera que pescar en las rocas. En esta zona entran muchos sargos, mujos y doradas", explica Alarcón.

Cada uno utiliza un cebo específico. Aunque la mayoría siempre ha preferido comprarlo directamente, todavía hay otros que se entretienen haciendo masilla, una mezcla entre pescado, pan y barro. Se utiliza para anguar, es decir, para atraer al pescado a la zona.

Avanzaba la mañana y con ella las conversaciones, los recuerdos. Todos coinciden en que les han robado la única afición que tenían. Cuando llega algún barco se ven obligados a regresar a casa. "Madrugo mucho cuando voy de pesca. Pero si prohíben la entrada me hierve la sangre. A pesar de estar en mi casa, me siento como un extraño, como si estuviera haciendo algo malo. Confío en la palabra de Cabeo, no creo que estemos pidiendo mucho", dice La rraet.

Tras sus caras de incredulidad todavía quedan síntomas de esperanza. "Llevamos mucho tiempo esperando este momento. Además, me pregunto, ¿Por qué nos echan de aquí cuando llegan los barcos?;a media tarde vemos cómo los propios tripulantes encienden un foco de luz para pescar calamares", dice Cerezo.

Al atardecer, con o sin recompensa, regresan a casa. Tachan uno a uno los días del calendario, esperando a que llegue el día en que disfruten de la pesca como cuando eran sólo unos críos.

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