El reportaje

Algunas salidas ante la crisis del siglo XVIII

  • En España las Cortes concedieron a Felipe III, que había accedido al trono en 1598, dieciocho millones de ducados, servicio aprobado el 12 y 22 de abril de 1600 a pagar en seis años a razón de tres millones anuales

LA crisis del siglo XVII es un hecho europeo, cuya cronología y amplitud no son uniformes, incluso a nivel regional dentro de un mismo país.

En España las Cortes concedieron a Felipe III, que había accedido al trono en 1598, dieciocho millones de ducados, servicio aprobado el 12 y 22 de abril de 1600 a pagar en seis años a razón de tres millones anuales. La imposición se realizaría sobre el vino y el aceite.

"El vino que se vendiere en las tabernas ha de recibir el tabernero con la medida de los ocho azumbres, que corría hasta fin de marzo de 1601, y ha de vender las siete azumbres convertidas en ocho con las medidas sisadas.

Y, la azumbre que ha de ser para su Majestad, la ha de pagar el tabernero en dinero, al precio que hubiere vendido lo demás.

Y, este azumbre que le queda la ha de volver a vender con la medida menor, y por esto le queda de ella medio cuartillo en su poder.

Se cobre también la sisa de este azumbre en el vino y en el aceite que se vendiere por menudo en las tabernas y tiendas".

Caso de déficit o superávit "para cumplir el servicio de los dieciocho millones en seis años" se incrementaría o bajaría la "sisa" del vino y aceite. Advirtiendo a taberneros y tenderos que "no se queden con este medio cuartillo".

Todo lo dicho cumplirán los carreteros y arrieros que lleven vino y aceite para "venderlo arrobado, porque estos se han de computar y tener como si lo vendiesen por menudo".

Ante la perentoria necesidad de dinero se disponía que "el estado eclesiástico pague la sisa del vino y aceite como los seglares, por lo que conviene al servicio del Rey nuestro señor".

El papa Clemente VIII accedió, refiriendo en el breve pontificio "el singular y gran celo que vuestra Majestad ha mostrado de conservar y ampliar la religión cristiana y las insignes obras con que a Nos y esta Sede Apostólica nos tiene obligados habiendo considerado el gran aprieto en que a vuestra Majestad han puesto los continuos y pesados gastos que así en estos como en los extraños reinos tiene por defender la católica religión, y conservar la obediencia de la santa iglesia romana, y que no sólo los tesoros de Felipe Rey Católico de esclarecida memoria su padre, pero que los suyos están casi consumidos...".

Siempre con el telón de fondo de la crisis la angustiosa situación por la que atravesaban las finanzas castellanas motivó que la Hacienda Real intentara cobrar alcabalas a los maestros pintores. Parece que fue el Greco, hacia 1607, quien se opuso a la pretensión del alcabalero de Illescas de cobrarle por los trabajos realizados para el Hospital de la Caridad de dicha localidad.

Las reacciones de los poderes públicos ante la crisis variaron según los territorios y tiempos. Al respecto son ilustrativos varios casos expuestos por Carlo M. Cipolla en Fluctuaciones económicas y política económica en Italia (siglos XV-XVII), comunicación presentada al Séptimo Congreso Internacional de Historia Económica, Edimburgo, 1978.

En Ferrara el Monte de Piedad quebró en 1646, el contador, el vicecontador y el cajero fueron encarcelados y el administrador decapitado. Antes, en 1628, el obispo de Pavía se convirtió en empresario textil. En la década de los años cuarenta del siglo XVII los fabricantes de Milán solicitaron la prohibición de importar tejidos extranjeros y de exportar telas de seda, el gobierno consideró que excluyendo los bienes extranjeros se fomentaría el mal de los monopolios, sin embargo, lo bien fundamentado de la respuesta no se debía a una fe profunda en las virtudes del libre comercio, sino a que el gobierno estaba controlado por los grandes terratenientes, interesados en la exportación de la seda en bruto.

Algunos dirigentes se plantearon la creación de una demanda alternativa en forma de gasto en obras públicas, que acaso no supusieron un alivio a los sectores deprimidos, pero aliviaron el paro. En Florencia (Italia), ante la depresión, acentuada por la peste de 1631, el gran duque concedió préstamos, por valor de 150.000 escudos y a dieciocho meses sin interés, a los talleres de lana y seda. El comienzo de la fachada de Santa María del Fiore y la terminación del palacio Pitti dio empleo a obreros y artesanos, mientras que la construcción de diques y canales, cuya agua se destinó a uso y ornato de la ciudad, ocupó a trabajadores agrícolas.

En Mula (Murcia) la crisis se vio agravada por el brutal impacto de la peste de 1648 (2.200 muertos), precedida por diez años de malas o nulas cosechas, sequías y otros riesgos. En los últimos decenios del siglo XVII aparecerán signos de recuperación reflejados en el esplendor del caserío urbano muleño del XVIII, el gran siglo murciano. La Cuenca de Mula puede ser un significativo ejemplo "en el siglo XVII de amplias fluctuaciones, de largos estancamientos y retrocesos, pero también de éxitos.

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