El viento desluce la gran Estación de la Caridad

  • La hermadad estrenó la restauración de las dos diademas de sus titulares marianas y las pinturas de su libro de reglas en una tardenoche muy dura

Sfrió de lo lindo la Humilde Hermandad de la Caridad en la tardenoche del pasado Viernes Santo debido a las inclemencias meteorológicas con una Almería que incluso llegó a la alerta naranja por las fuertes rachas de viento. Sin embargo, la corporación de negro del Viernes Santo almeriense se sobrepuso al mismo, especialmente en su salida desde Santa Teresa y cruzando la rambla hacia Plaza Circular, y terminó dejando un gran sabor de boca tanto en los espectadores como en los propios miembros de la cofradía que participaron en el cortejo procesional.

A las siete de la tarde se abrieron las puertas de la Iglesia de Santa Teresa de Jesús por segunda vez esta Semana Santa, después de que lo hiciesen el Lunes Santo con la Cofradía de Pasión con la que Caridad comparte sede canónica. El diputado de hora y el muñidor fueron los primeros en aparecer por el dintel. Unos metros más atrás, la bella cruz de guía revestida como suele ser habitual con sudario. Un sudario que, como decimos, causó estragos en los primeros metros por el fuerte viento. Incluso tuvo que echarse la cruz al hombro el portador al cruzar la rambla debido a que no podía llevarla erguida por las fuertes rachas. Un amplio tramo de guardería y los primeros capirotes comenzaron a salir desde el templo, esta vez por la tarde y no de noche como en años anteriores debido al adelanto de dos horas de su salida. Muchos de estos capirotes sufrieron las inclemencias meteorológicas y se torcieron por causa del dichoso viento. El capataz Antonio Cárdenas ordenó levantar a su cuadrilla de misterio, compuesta por muchos costaleros del Gran Poder que vinieron a devolver el favor que la cuadrilla de Caridad hizo el Lunes Santo con ellos. Con paso firme y decidido se plantó el bello paso de Juan Manuel Miñarro en la calle. Pronto cruzó la hermandad la rambla Federico García Lorca para subir por Emilio Pérez y pedir la venia para pasar por Carrera Oficial cuando el reloj sobrepasaba las siete y media de la tarde.

Con recogimiento y sobriedad subió la hermandad el Paseo de Almería con su numeroso tramo de nazarenos revestidos con túnica negra de cola recogida al brazo, cinturón de esparto y sandalias franciscanas. Desde aquí, el cortejo procesional se dirigió por Ricardos hacia la Plaza de San Pedro y Floridablanca para tomar la calle Real hacia Lope de Vega y Catedral, donde la corporación salió con algo de retraso, tiempo que luego recuperó. Allí se postró el misterio ante las puertas del primer templo de la Diócesis de Almería. Tras una oración a cargo del Deán de la Catedral y consiliario de esta cofradía, Francisco Salazar, que la acompañó durante todo el recorrido, la hermandad bajó por Eduardo Pérez hacia la calle Real. En Gravina, desde la Casa Rosa, Montse Pérez interpretó una saeta al Santísimo Cristo de la Caridad. La corporación desde aquí tiró por General Tamayo y Paseo de Almería hacia la Plaza Emilio Pérez para sobreponerse, nuevamente, al fuerte viento en la calle Canónigo Molina Alonso y tras dejar atrás Rafael Alberto hizo su entrada en la Iglesia de Santa Teresa cuando las agujas del reloj marcaban las once de la noche, en una Estación de Penitencia complicada para la cofradía pero de la que supo sobreponerse con su buen hacer.

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