La vuelta al mundo de Zárate

  • Este almeriense ha recorrido medio mundo navegando en un barco marine. Tantas experiencias han dado a luz muchas obras literarias. El último, 'Marino', se presenta la próxima semana en Almería

Durante la posguerra cientos de familias almerienses emigraron a otros países en busca de una vida mejor, de un lugar cuya frontera el hambre y la miseria jamás pudiesen rebasar. Eduardo G. Zárate ha tenido la suerte de haber navegado por todo el mundo y haber conocido otras culturas, otras civilizaciones.

Su caso fue bien distinto. A pesar de haber mantenido durante toda su niñez una dieta mediterránea, basada en migas y gachas-, como bien dice, todo lo hizo por pura curiosidad. "Más que hambre en España había carencia. A raíz de ello y en vista de cómo vivo ahora me siento orgulloso de haber pertenecido a aquella generación que, a causa del hambre, nos quedamos en el metro sesenta", bromea, tras un gesto reflexivo que no esconde una media sonrisa, habitual durante media hora exacta de conversación.

Ha vivido tempestades y ha conocido a cientos de personas quienes, asegura, seguramente sean los responsables e impulsores de una pluma, que comenzó a escribir con tan sólo ocho años y que aún mantiene su tinta fresca y brillante como el primer día; han pasado exactamente 60 años desde que recibió su primer premio literario.

Su relación con el mar comenzó hace muchos años, quizás incluso antes de que naciese. Su padre y su abuelo desaparecieron en la mar y su madre, que por aquel entonces formaba parte de una organización llamada Regiones Devastadas, dedicada a reconstruir barriadas como La Pipa y La Chanca, no quería que el joven Zárate se acercase a ella, ni aunque fuese por asomo. "Me fui a Madrid y estudié en El Maravillas, también en Salamanca, donde terminé Derecho. Al poco tiempo mi hasta entonces estancado espíritu marinero, floreció con más fuerza que nunca y viajé a Barcelona para alistarme en la Marina. Aquella experiencia me hizo desmitificar la vida y la figura del marino, me refiero al dicho de tener un nido en cada puerto. Lo que encuentras en la Marina son a grandes socios y unos tiempos muertos impresionantes. Quizás tenga que dar las gracias a aquellos instantes, ya que permitieron que me dedicara a leer y a escribir; dos de las más grandes pasiones de mi vida", admite.

Interesado en la búsqueda de nuevos recursos pesqueros en el África occidental, navegó por la Costa de Marfil, Angola y Senegal enseñando a pescar a sus nativos. Aunque vivió numerosas tempestades, nunca sintió que su vida corriera algún peligro. "En el mar si tienes un pequeño fallo mecánico lo puedes pagar muy caro. El barco se balancea de un lado a otro, cuesta arriba y cuesta abajo; parece una pesadilla. Pero al cabo de unas horas, casi sin darte cuenta, ves que todo desaparece. Los rayos de luz, el ruido y el oleaje se diluyen de tal forma que te hace asemejar ese comportamiento al que empleamos en ocasiones en nuestra vida diaria. Todos los problemas, por muy graves que parezcan, siempre acabarán encontrando un rincón para sentarse, reflexionar y disfrutar de la calma", dice.

De todos los lugares que ha visitado existen tres muy especiales para él. Gabón, donde tuvo que sacar a la luz un talante especial para sobrevivir; Panamá, cuyo fondo marino es su preferido para navegar, y Londres, una ciudad que, según Zárate, "puedo volver después de treinta años a una tienda donde solía comprar tabaco de pipa y sé que me volveré a encontrar el local en el mismo lugar y con el mismo viejecillo que me atendía entonces".

Para Zárate el mar es la vida, un lugar especial donde apesar de no disponer de mucha variedad donde observar, puedes estar mirándolo durante horas. La felicidad, para este escritor aventurero de 70 años, es querer y ser querido; el amor es algo muy interesante (ríe) y el destino no existe, todo funciona dependiendo de las circunstancias y de las decisiones que se tomen en cada momento. Sus cuatro libros son el fiel espejo de sus experiencias en la mar. Para Zárate los libros son como los hijos, dejan de ser suyos desde el momento en que los tiene. Tienen su propia vida, son de quien los ve, de quien los educa, aguanta y opina. Te puede sorprender cuando es adulto, cuando lo vuelves a leer después de varios años o, por el contrario, pueden llegar a decepcionar al propio padre, al propio autor. "Lo único que intento en cada uno de mis libros es transportar al lector a otro espacio, a otro lugar donde nunca antes había estado. Si escribo de París, que mi lector se sienta en plena capital francesa. Si estoy en la mar que viva una tempestad, lo más parecida a la que viví yo. Para mí la literatura es sinónimo de evasión", explica.

Zárate se lamenta de que los jóvenes no lean, ni mucho menos, como lo hacía su generación. Culpa, en mayor o menor medida, al sistema de impresión. No hay nada más agradable para este escritor que un libro bien impreso, pequeño, manejable. La lectura debe estar "adaptada a la comodidad de las personas".

Han pasado muchos años desde que navegó en su primer barco, desde que escribió su primer libro. Tantas experiencias, tantos viajes, personas, culturas y civilizaciones han dejado una huella en Zárate muy difícil de borrar. En la actualidad está apunto de publicar su último libro (Marino, de Arráez editores), donde refleja algunos pasajes que ocurrieron realmente y muchas de las circunstancias que marcaron su vida y la de numerosos españoles. "Es mi último puerto y se lo dedico a mi mujer Rosa; inquieta y aventurera, al igual que yo".

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