UD almería-sporting de gijón

El retrato del Elche se va esbozando (1-3)

  • ¿Qué mosca le ha picado al otrora 'amarrategui' Lucas Alcaraz para tener la osadía de jugarle de tú a tú al Sporting con una defensa que no responde?

  • Los síntomas son los irse a Segunda B, no hay que llevarse a engaños

Un lance del partido. Un lance del partido.

Un lance del partido. / Javier Alonso

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El planteamiento presentado por el Almería fue una insensatez. Un equipo tan endeble, que con sólo soplarle se viene abajo, no puede jugar con tanta alegría bajo ninguna circunstancia. Sobre todo cuando tu defensa se come todos los desmarques. Y no con el cansancio al paso de los minutos o con la necesidad del resultado, sino en los primeros instantes del encuentro, cuando los equipos todavía se están tanteando.

No habían pasado ni diez minutos y el Sporting ya había roto por completo al Almería a su espalda. Primero por la izquierda y luego por la derecha. Rubén García y Santos entraron como Pedro por su casa, más solos que la una. A los 2 minutos se apareció la Virgen y Motta provocó que Santos hiciera un Cardeñosa. Pero a los 10', la Virgen mandó a los rojiblancos a hacer puñetas porque está ya harta de salvar a un conjunto que hasta que no caiga definitivamente a la Segunda División B, no va a aprender. Santos, con una facilidad pasmosa, tiró un desmarque a la espalda de Trujillo para adelantar a los gijoneses.

Lo más sangrante es que Alcaraz sabe que el equipo atrás es un completo desastre, una calamidad. Ejemplos hay muchísimos, los que quieran. Por no irnos muy lejos en el tiempo, el Sporting hizo lo mismo que el Reus: coger los espacios que deja entre líneas un equipo que quiere el balón para perderlo y desorganizarse. Esto sería comprensible si el poco fútbol que se genera, prácticamente siempre mediante Pozo, alguien lo aprovechara para golear. Sin embargo, los tantos rojiblancos siempre vienen siempre de balón parado o alguna jugada aislada. Si no, miren ayer la acuciante falta de remate del cuarto delantero de la temporada, Soleri, en las dos primeras internadas del malagueño.

Si el manual de Lucas Alcaraz fue efectivo para sacar al equipo del hoyo hace justa una vuelta, ¿a qué se debe este cambio precisamente en el tramo del calendario más complicado? Sería entendible si estuviera dando sus frutos o si hubiera jugadores con una calidad sublime para ello. Pero es que el propio Sporting se metió atrás a defender y buscó contras. Y como los asturianos, todos los que han desfilado por el Mediterráneo a excepción del Huesca. Si uno mira a los rivales directos, ve cómo tratan van sacando puntillos gracias a su defensa. Posiblemente más complicado que el Almería lo tuvo el sábado el Alcorcón en el Tartiere y venció.

Pese a que por delante había 80 minutos para remontar, todo el mundo sabía que iba a ser otro domingo con derrota. Toda la semana con ilusión y expectativas para esto. Lo único reseñable, que si acaso daba para hacer unas cuantas cosquillas al Sporting, lo puso Pozo con alguna individualidad y un disparo al poste.

Es cierto que el remate mereció ser gol, pero viendo que ni Alcaraz, ni Soleri ni Gaspar fueron capaces de rematar a puerta vacía y sin oposición, uno empieza a interiorizar que el abono de la temporada que viene tiene pinta de ser bastante más barato. Y lo viajes serán más cercanos, si es que a la afición le quedan todavía ganas de seguir con la penitencia cada fin de semana. Hombre por hombre para la segunda parte, como si Caballero fuera a mejorar a Soleri. El italiano estuvo desaparecido durante los 45 minutos, el argentino lleva así desde que recogiera sus pertenencias del Anxo Carro. Lucas Alcaraz pensaba en los centímetros del exlucense para rematar algún centro, obviando que a Lass no se le ve con muchas ganas de fajarse y Gaspar es incapaz de poner un centro medianamente en condiciones.

Con actitud, que es cierto que la tiene a ratos, lo que le falla es la aptitud, los rojiblancos hicieron ofensivamente tras el descanso lo que les había valido en tantos partidos anteriormente. Esto es, balón al área y a pelearlo ahí. No será bonito ni respetará los cánones guardiolistas, pero es lo único a lo que se pueden agarrar equipos como el Almería, que con el balón no dan para más. Es, por otra parte, lo que siempre ha hecho Lucas Alcaraz, hasta este momento en el que le habrá picado la mosca del jogo bonito o algo así.

Con dos balones parados, los rojiblancos tuvieron la oportunidad de empatar. Motta, con toda la portería para él, estampó el balón en Mariño. Es lo que tiene que sea un lateral el que chute. Segundos después, una mano clarísima de Álex Pérez en el área no quiso decretarla Díaz de Mera que, con 0-3, sí que se inventó un penalti sobre Caballero. Fue el pitorreo final de un nuevo partido tragicómico del Almería.

Antes de que Rubén Alcaraz hiciera el tanto que ni honraba la derrota, la afición vio lo que le faltaba para terminar de aceptar resignada una penitencia que no merece. Sulayman, de líbero tras un cambio extraño, regaló a Jonhy el balón con el que Hernán daba nuevos brochazos al retrato de un Almería, que cada vez más se parece al Elche. O hay un cambio de trescientos sesenta grados, como hizo Fran Fernández tras la marcha de Ramis, o la LFP de la que tanto presume Alfonso va a ser un bonito recuerdo.

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