Políticos entre el populismo y el diseño de la estrategia

CÓRDOBA es la única provincia donde ha habido tres partidos políticos con clara vocación de gobierno a nivel local, un factor que además se ha mantenido en el tiempo. A la tradicional alternancia de PSOE y PP hay que sumar el contrapeso constante del PCE primero y de IU después. Porque Izquierda Unida no sólo ha tenido peso en la capital, también ha sido un referente en la Campiña, la comarca más poblada de la provincia junto a la Subbética. Ha habido momentos de estas tres décadas de autonomía en los que la coalición de izquierdas gobernaba municipios cuya población sumada suponía más de la mitad del total provincial. La capital, Puente Genil o Montilla son algunos ejemplos de gobierno de IU bien en solitario bien en compañía del PSOE, situación esta última que acarreaba constantes tensiones entre ambos partidos de izquierdas. Esto ha supuesto que entre los nombres de la política cordobesa haya que destacar a Julio Anguita y a Rosa Aguilar, dos figuras decisivas y a medio camino entre la política populista y la alternativa al PSOE. Anguita fue junto a González y a Aznar una de las cabezas visibles y más influyentes de la política española y Rosa Aguilar alcanzó el ministerio después de una larga travesía que la ha llevado desde el comunismo que defendía en sus tiempos de abogada laboralista a la socialdemocracia que la condujo a un ministerio en la última etapa del gobierno de Zapatero. Pero si importantes han sido estos dos políticos por su repercusión popular, los hay que han tenido un papel más discreto pero clave en la historia del gobierno autonómico por su carácter como estrategas en momentos muy puntuales. Es el caso de Luis Carlos Rejón, artífice en la primera mitad de los 90 de la gran subida de IU en Andalucía y una de las cabezas pensantes de la denominada pinza junto a otro cordobés, el entonces secretario general del PP, Juan Ojeda. Ambos urdieron una trama que por momentos pudo ser alternativa al Gobierno socialista, haciendo pasar a Chaves la que quizá fue su peor etapa política al frente de la Junta de Andalucía. Más recientemente, hay que destacar la presencia de Rafael Velasco, ex secretario de Organización del PSOE-A, quien se convirtió en hombre fuerte del partido y que acumuló la responsabilidad del diseño de la estrategia del PSOE hasta que dimitió aludiendo motivos personales después de que se desatara una fuerte polémica política que surgió tras la publicación de una serie de informaciones relacionadas con el cobro de una serie de subvenciones por parte de su esposa. Curiosamente, estos dos últimos hombres de partido, Ojeda y Velasco, vivieron muy de cerca la última etapa de Cajasur, que terminó con la intervención de la caja.

Por su relevancia y porque ha sido dos veces cabeza de lista por Córdoba, cabe destacar la presencia de Griñán, un cunero que siempre ha tenido una cercanía especial con la provincia.

Como en todas las provincias andaluzas del interior, el PSOE ha llegado a tener cotas de poder elevadas. Ha sido en las dos últimas convocatorias electorales, municipales y generales, cuando se ha quebrado el poder de la izquierda en Córdoba. Porque, aunque es cierto que la presencia de IU ha sido importante, la mayor parte de las poblaciones han estado casi siempre gobernadas por el PSOE. Los principales ayuntamientos de la provincia han propiciado que estos alcaldes hayan mandado no sólo en sus ayuntamientos, sino también en el partido, y eso ha generado más de una tensión en esta formación. Excepciones a esta regla ha habido y una de ellas es José Calvo Poyato, que convirtió Cabra en uno de los referentes andalucistas de la región y que fue responsable de la implantación electoral del partido en la provincia, donde consiguió acta de parlamentario.

Y más allá de cargos y de compromisos, en la política cordobesa ha habido versos libres como Manuel Pimentel, ministro de Trabajo en la primera legislatura de Aznar, cuya dimisión por discrepancias con la política de inmigración que quería implantar el Gobierno provocó una considerable tormenta mediática. Luego se acercó al andalucismo con la creación de Foro Andaluz, pero el partido no obtuvo resultados suficientes para seguir.

También se podría catalogar de verso libre a Carmen Calvo, que entró como independiente y fue consejera de Cultura primero y ministra de este ramo después. Calvo protagonizó un choque de trenes con Rosa Aguilar cuando ésta comenzó a sonar como cabeza de lista del PSOE por Córdoba para las pasadas generales. Fue en ese momento cuando olvidó el verso libre y alardeó de su carnet para defender que ella llevaba más tiempo que Aguilar en el partido. Calvo y Aguilar son dos nombres importantes en los que se puede resumir buena parte de la política cordobesa de las últimas dos décadas. Para los 80 habría que pensar en otros como el del socialista José Miguel Salinas, que estuvo a punto de ser alcalde de Córdoba. Quedó fuera por un pacto sillones y la decisión de entonces sigue pesando hoy en el ánimo de los socialistas, que se han ido complicando las cosas de tal manera que alcanzar la Alcaldía de la capital es hoy una quimera casi inalcanzable.

Carmen Calvo, primero consejera

de Cultura y luego ministra

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