El derribo de los chalés ilegales de Chiclana culmina con la detención de 28 personas

  • El promotor, cuchillo en mano, se subió al tejado de una vivienda para impedir la demolición

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El derribo de los diez chalés ubicados en la zona de Majadillas Bajas de Chiclana comenzó a primera hora de ayer cuando un amplio dispositivo de guardias civiles antidisturbios y policías locales cortaron las calles adyacentes para que la piqueta desarrollara la demolición de las viviendas ilegales. Pero poco antes de la demolición, las fuerzas de seguridad detuvieron a 28 personas por resistencia a la autoridad que, tras prestar declaración, fueron puestos en libertad a lo largo de la mañana. Tras las detenciones, los agentes también se encontraron con la resistencia del promotor, Antonio Tocino Verdugo, familiares y allegados que se apostaron encima de los tejados de los chalés para que la excavadora no echara abajo las casas. Antonio Tocino esgrimía un cuchillo, pero poco después desistió de su intento de oponerse al derribo, al igual que el resto de familiares que bajaron de los tejados ayudados por agentes y bomberos.

Media hora después, la piqueta pasó a la acción y comenzó a derribar los chalés ante la presencia de numerosas personas que se congregaron en la zona. El bulldozer recibió una pedrada y dañó uno de sus cristales, pero poco más se pudo hacer para que las casas se mantuvieran en pie por más tiempo. No faltaron las reacciones de desacuerdo con la actuación de vecinos que increparon a los agentes y al Ayuntamiento de Chiclana por permitir la demolición de las viviendas. Mientras tiraban los chalés, un grupo de vecinos se desplazó hasta el centro para concentrarse frente al Ayuntamiento, donde se había establecido un dispositivo de seguridad con policías locales y guardia civiles.

Los chalés derribados en las afueras de Chiclana pertenecían al promotor y nueve de esas viviendas estaban ocupadas por familias que pagaban un alquiler de 550 euros al mes. Algunos de estos últimos avanzaron ayer que piensan ir al juzgado a denunciar al promotor por no avisar con tiempo del derribo y , además, dijeron desconocer que sobre esas casas pesaban una orden judicial de demolición. Manifestaron, además, que la mayoría de los alquilados se enteraron de que iban a tirar los chalés a las diez de la noche del día anterior a esa actuación.

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