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Diez claves del presente y futuro

  • Ayer pasó por el Mediterráneo el líder provisional, al que solo le bastó el orden y el concierto del que adolece el equipo de Lucas Alcaraz

  • Los contrarios insisten por la zona de Trujillo

Mariño despeja de puños un balón ante el salto de Motta. Mariño despeja de puños un balón ante el salto de Motta.

Mariño despeja de puños un balón ante el salto de Motta. / JAVIER ALONSO

Primera clave: se juega sin orden ni concierto, sin patrón alguno. Se disimulan algunas carencias gracias a la escasa calidad de los equipos de la mal llamada quinta mejor liga europea y al innegable tesón de ciertos jugadores. Ayer pasó por el Mediterráneo el líder provisional de la categoría, al que solo le bastó el orden y el concierto del que adolece el equipo de Lucas Alcaraz. Segunda: Trujillo no está para jugar, así de claro. El defensa madrileño tuvo antaño una época de gloria, donde se ganó su futuro a base de mucha atención, de continua anticipación y de sacrificio permanente. En el momento que ha bajado el pistón, han salido a relucir sus limitaciones. Lucas Alcaraz intentó defender a su zaguero aludiendo a un error defensivo general en el primer tanto encajado. No fue un fallo tan flagrante como el de Sulayman, pero los contrarios suelen insistir por la zona de Trujillo. Tercera: el centro del campo ha perdido el norte. Rubén Alcaraz ya no ejerce de mariscal y solo piensa en chutar desde cualquier parte, por muy alejado que esté. Sulayman aparcó su fortaleza por ahí y es un semáforo en rojo, amarillo y verde, combinando aciertos con errores. Cuarta: Hay caso Pozo. No voy a repetir lo de la calidad de este jugador, pero si desaparece cuando juega lejos del Mediterráneo y hace la guerra por su cuenta en su estadio (ayudado por el desbarajuste de sus compañeros), de poco sirve contar con un pelotero de sus envidiables características. Quinta: si a nivel defensivo se hace aguas y el centro del campo no genera, el desorden se extiende al ataque. Comentó Lucas Alcaraz sobre las numerosas llegadas al área rival. Sí míster, el balón merodeó, sobre todo en la segunda mitad, la zona defensiva contraria pero, ¿de qué manera? ¿Cuántas veces intentaron los extremos almerienses driblar a los laterales sportinguistas? El esférico se paseaba de un lado a otro del área rival con centros sin sentido, como vulgarmente se dice, "a la olla". Incluso, el penalti no pitado proviene de uno de esos balones horriblemente centrados. Sexta: la ineficacia a balón parado salió a relucir. No se vislumbran jugadas ensayadas y los córners y faltas se ejecutan a semejanza del tenístico efecto cortado, con el mismo peligro de un pato de goma. Los arietes no son nada del otro mundo, ya se sabe, pero ni siquiera se les puede alabar o criticar cuando no les llegan balones claros. Séptima: si al salvador René le es imposible ser el mejor, al encajar tres goles en total desventaja, sin duda su equipo está abierto en canal. Octava: de cara al futuro, más le vale a este conjunto ser más papista que el Papa de la mano de Lucas Alcaraz. Se necesita jugar feo, ser defensivos a ultranza y sacar los puntos que se puedan de aquí al final a base de encajar pocos goles. Novena: la afición sigue estando ahí. Sería una pena que el esfuerzo de tantas temporadas se fuera al garete. Décima: si a Alfonso García ya le cuesta capitanear la nave, por su bien y por el de esta cuidad, debería de dar el relevo en unos meses para salir por la puerta grande.

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