La baja inflación eleva la presión sobre el BCE para que adopte medidas no convencionales

El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, se enfrenta hoy a una nueva reunión donde hará frente a los dos principales problemas de la Eurozona: la baja inflación y el escaso volumen de créditos.

La cita viene precedida de la publicación de nuevos datos que alertan del peligro de deflación y de las dificultades que eso entrañaría para la recuperación. Y es que el IPC en la Zona Euro cayó en marzo del 0,7 al 0,5%, el más baja en cuatro años, debido sobre todo a la caída de los precios de la energía.

El objetivo del BCE es mantener la inflación en un nivel cercano pero inferior al 2%. Sin embargo, desde octubre de 2013 el indicador no supera el 1%. Y desde hace tiempo la pregunta que se plantea es qué instrumentos tiene aún Draghi para darle la vuelta a esta tendencia.

"En la torre del euro en Fráncfort deben reaccionar a corto o largo plazo contra las tendencias deflacionistas en los estados periféricos", indicaron los expertos. Pero, ¿cómo reaccionará este jueves el guardián del euro? Sobre la mesa sigue estando la opción de bajar la principal tasa de interés del BCE, actualmente en el mínimo histórico del 0,25%. Junto a ésta, otras de las medidas pueden ser fijar una tasa negativa para los depósitos para obligar a los bancos a prestar dinero o un nuevo programa de compra de bonos estatales.

En la reunión del Ecofín de ayer, España e Italia se sumaron a la presión de la Comisión Europea para que el BCE actúe. Un movimiento al que se unió el Fondo Monetario Internacional (FMI). La creciente amenaza de un periodo prolongado de baja inflación que frene el crecimiento y la creación de empleo requiere una mayor intervención del BCE que incluya la adopción de nuevas medidas no convencionales, advirtió su directora gerente, Christine Lagarde.

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