Juan Echanove. Actor

"Soy un escéptico, pero no quiero que sea mi ideología"

  • Desde que en los 80 saltara a la fama con una serie de televisión, su figura no ha parado de crecer hasta convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la escena española.

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Juan Echanove (Madrid, 1961) saltó a la fama a finales de los 80 con una serie de televisión en la que encarnaba a un joven abogado junto al que sería ya siempre su amigo del alma, el sanroqueño Juan Luis Galiardo. Parecía un guiño del destino para un joven actor que había abandonado la carrera de Derecho por aburrimiento. Desde entonces, su figura no ha parado de crecer hasta convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la escena española, ya sea a través de su papel en Cuéntame...  o en su gira gastronómica de Un país para comérselo.

-No me resisto a preguntárselo. Sacó matrícula de honor en danza. No me lo puedo creer.

-¿Por qué no? Y saqué suspenso en interpretación. Pero sí, muy orgulloso que estoy, aunque yo fui el primer sorprendido.

-De modo que usted baila...

-Qué coño voy a bailar. Soy de muy poco bailar. Aquello, en realidad, tenía más que ver con la expresión corporal.

-Siempre de un lado a otro del país, cuando no es de teatro en teatro es comiéndoselo. No tiene una visión de España centralista, como suele pasarles a los de Madrid.

-No, mi visión es pueblo a pueblo. Sé hasta cuándo reasfaltan las autovías. Y es cierto lo que dice, que hay gente de Madrid que reduce el concepto de España a lo que ve en el barrio en que vive. Sé que España es otra cosa, muy diferente y con muchos contrastes.

-¿Es usted un utópico?

-No creo en los mundos utópicos y los años me han hecho un escéptico, pero me fastidia. No quiero que el escepticismo sea mi ideología. Creo en acercar a los sectores sociales y estoy convencido de que no se puede convivir con salvajes desigualdades. Y vamos a ello. Me preocupa.    

-De modo que tiene el mismo pensamiento que cuando era joven. 

-No, ni mucho menos. Mantener el mismo pensamiento de los 15 a los 80 años es tan estúpido como cambiarlo cada mes. No, no pienso igual, pero sí pienso que servicios como la Sanidad, la Educación y la Cultura, son imprescindibles. Los dos primeros  con mayúsculas y el último es imprescindible con minúscula. Primero la salud y luego Shakespeare.      

-¿La crisis ha acabado con nuestro sentido del humor? 

-¿Usted cree? Espero que no. Eso sí, la gente se vuelve susceptible si ve que el día diez se le ha terminado el dinero para el mes. No es tan fácil tener sentido del humor cuando no sabes qué te vas a echar a la boca.

-A usted le va bien y dirige e interpreta un montaje, Conversaciones con mamá, que está cosechando un enorme éxito tal y como están las cosas.

-Tengo un trabajo en el que soy feliz, disfruto haciéndolo. Es un privilegio y lo sé. Tengo la obligación de transmitir felicidad, pero no voy a hacer chistes apelando al sentido del humor y que la gente que lo está pasando mal lo jalee.   

-Se ha implicado en este montaje que, de algún modo, es humor. No sé si le relaja tras los durísimos trabajos que ha interpretado antes...

-Es  que tenía un montón de ganas de sentir cómo la gente se ríe en el patio de butacas. Pero hay algo más importante. Cuando tras la función un solo espectador me dice que lo primero que voy a hacer en cuanto llegue a casa es llamar a mi madre, como ha pasado, ya me doy por satisfecho. Lo que se llamaba la tercera edad es, en buena medida, el motor de este país. Por eso escogí esta obra.  

-¿Le gustó a su madre el montaje? 

-Mucho. Dijo que el personaje que interpreta María Galiana no tenía nada que ver con ella. Ni yo conmigo. Así que bien.

-Pues esta segunda madre suya, la de ficción, es de armas tomar. 

-Sí, sí, está mucho más cerca de la realidad que un hijo que ha perdido el trabajo y ve como un drama haber perdido el trabajo, el 4x4 y un tren de vida basado en la tarjeta de crédito. Nos gusta jugar este choque generacional y transmitirlo.   

-¿Y no les cansa después de cerca de 300 funciones? Pocas obras en escena llevan ese recorrido. 

-Qué va, cuantos más llenos tenemos, y tenemos muchos, más ganas le echamos. Es lo que tiene este trabajo.  

-

Es una producción modesta, con sólo dos actores. Tardaremos mucho en ver de gira teatro coral, si es que exceptuamos los musicales.  

-Hombre, no voy a decir que es una superproducción, pero esto no es una modesta. Es una producción media. Quiero decir que no es un club de la comedia. Otra cosa es ver una compañía con un gran elenco, pero eso no está al alcance de la producción privada, sólo lo pueden hacer las grandes compañías públicas y, ahora mismo, está fuera de las posibilidades de una inversión privada. Aun así, el espectador no ha dado la espalda al teatro y creo que esas producciones volverán en breve.  El teatro sucede cuando sucede, no se puede descargar en internet. Hay gente que valora eso.  

-¿Cuál es el momento del teatro en España? 

-Es bueno. En serio lo es. Hay currantes del teatro, como La Zaranda en Andalucía, que llena las salas. Y lo hace porque se han hecho un nombre, porque la gente sabe que lo que va a ver es un producto de mucha calidad.  

-Como siempre se están quejando...

-Ya, ya. Si no es el IVA es la UVA. Es que en el teatro siempre se ha pasado mal, pero eso también ayuda a que cuando otros sectores están en crisis tú digas bueno, si nosotros siempre hemos estado como hemos estado. Nadie está en esto para hacerse rico. Sobrevivismo a la radio, al cine, a la televisión, a internet...

-Llegan a Cádiz. ¿Dónde van a comer?

-Ni idea. Vamos con poco tiempo, pero algún pescao frito caerá. Lo que diga Javier Ruibal, que es mi asesor.  

-Y una manzanilla.

-Sí, soy manzanillero total.

-No diga eso en Jerez.

-Eh, también el fino. No me meta en problemas.

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