Laura Chinchilla. Ex presidenta de Costa Rica

"Se creó una imagen de mí que parecía salida del Opus Dei"

"Se creó una imagen de mí que parecía salida del Opus Dei" "Se creó una imagen de mí que parecía salida del Opus Dei"

"Se creó una imagen de mí que parecía salida del Opus Dei" / ana golpe

-Se declara optimista en política.

-Sin perder el sentido de la realidad, en política hay que ser optimista: uno sería incapaz de transmitir ningún entusiasmo si no lo fuera. Para mí es esperanzador, por ejemplo, el que por primera vez América Latina no le esté echando la culpa a nadie: ni a los conquistadores ni a Estados Unidos. Se entiende que los problemas son de carácter interno.

-No echar la culpa a los demás es una prueba de madurez, diría un psicólogo.

-Yo también lo creo. Mucho de lo que nos preguntamos respecto al próximo periodo presidencial es si el latinoamericano va a hacer una apuesta por comprender cuáles son las demandas reales. Hay riesgos, claro: el populismo es endémico en nuestro sistema político. De hecho, es nuestro mejor producto de exportación. Los populismos no sólo dividen a la sociedad en dos, sino que vuelven al mantra de echar la culpa a los de fuera.

-¿El independentismo catalán es un movimiento populista?

-A mí me parece que tiene raíces de populismo, en cuanto a la exaltación de los sentimientos nacionalistas: el señalar a un grupo de elegidos, los mejores y únicos, que el resto no merece, y explotar muchas veces el resentimiento, por múltiples razones. Desde ese punto de vista, creo que hay elementos de esa naturaleza en algunas de las personas relacionadas con el independentismo en el sistema de gobierno de Cataluña. La española es una sociedad acogedora, que integra con facilidad al extranjero. Cuando uno sabe que España es así, le cuesta mucho entender que no esté integrando a los catalanes. Es difícil entender que se den condiciones objetivas que puedan explicar este movimiento, con lo que entiendo que han sido condiciones de tipo subjetivo, emotivo, las explotadas por intereses varios.

-Fue nombrada ministra de Seguridad cuando estaba embarazada. La imagen tan potente de una mujer en estado mandando al orden a fuerzas de seguridad me recordó a la de Carme Chacón cerrando filas.

-Ay, Carme... éramos amigas, nos vimos pocos meses antes de que muriera. Mi paso por el Ministerio de Seguridad Pública fue mi escuela más importante en política, sentó en mí muchos elementos de advertencia de cara al futuro. El Ministerio de Seguridad sigue siendo la institución más difícil de penetrar a nivel de género en cualquier país. Son instituciones profundamente machistas, y todos los valores giran en torno a eso: el reclutamiento, los perfiles, la capacitación... Tomé conciencia del peso simbólico que tenía mi nombramiento y a no tomarme de manera personal las críticas, y eso me ayudó mucho. Cuando el presidente anunció mi cargo ante los 70 oficiales de Policía más importantes del país, se hizo un silencio impresionante... De todos ellos, sólo lo asumieron siete.

-Después de eso, cualquier cosa es más fluida...

-Sí, aunque la presidencia también fue dura.

-De hecho, dejó la legislatura con el índice más bajo de popularidad.

-Lo asumo con parte de culpa porque me metí en muchos temas sobreestimando el poder de la Presidencia de Costa Rica, que es bastante acotado. Pretendí hacer reformas muy de fondo que afectaban a muchos sectores y me faltó estrategia política para hacer avanzar las reformas. Pero fue muy extraño: tras veinte años en el sector público, veía que todo se reducía a una imagen de mujer, a si tenía mala cara o no, o a si lloraba o no. Ese tipo de cosas fueron apareciendo y condicionando una imagen de gran debilidad.

-El error, si es femenino, lo es con saña.

-Cuando un hombre comete un error, se queda con él; cuando una mujer lo comete, pasa a todo el género. En una de las encuestas, por ejemplo, se preguntaba: "¿Volvería a votar por una mujer?". Con ninguno de los ex presidentes de Costa Rica se ha preguntado si volvería a votar por un hombre, no importa lo que hayan hecho. Es una carga pesada porque, si no lo haces bien, pagarán las que vienen.

-Es una adalid de la igualdad de género, pero la defiende, dice, "lejos de la etiqueta del feminismo". Y está en contra de medidas como la píldora del día después.

-Eso es lo que dice Wikipedia, lo peor que se ha inventado.

-Eso es lo que dicen todas las referencias de internet. Explíqueme.

-No me gustan las etiquetas, ni siquiera la de socialdemócrata. Soy humanista. En Costa Rica hay un movimiento feminista muy fuerte pero ligado a corrientes de izquierda, y yo pertenezco a un partido de centro. Al mismo tiempo, tuve muy buenas relaciones con movimientos religiosos: en un país tan tradicional, hay que hablar con ellos, hay que pactar -los evangelistas tienen hasta partido político-. Así que se creó una imagen de mí que parecía salida directamente del Opus Dei. Yo he apoyado cualquier medida de control de nacimiento no deseado, incluida la píldora del día después. Respecto a parejas del mismo sexo, cada país tiene su evolución. Personalmente, soy tremendamente tolerante al respecto. Desde luego, no se va a avanzar en estos temas mientras la Asamblea Legislativa esté atrapada por sectores fundamentalistas.

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