alan weisman. periodista

"Al planeta no le importamos: ha salido de cinco extinciones"

-Somos 7.200 millones de humanos en la Tierra y deberíamos ser 1.500 para que el planeta no colapse. Sin embargo, la vía china de un hijo por pareja nunca le gustó.

-Las dinastías chinas e incluso el comunismo han habituado a la gente a obedecer. Pero la cuestión de controlar la natalidad es muy delicada por el instinto humano y de vida que comparten todas las especies. Cada organismo fue creado para hacer copias extra. Hacer el amor es una de las cosas más atractivas de la existencia y encima es gratis: hasta los más pobres lo tienen al alcance. Si un gobierno nos dice que no hagamos copias, nos sentimos muy restringidos. Incluso los chinos desaprobaban esa política.

-¿Qué habría pasado sin el freno oficial?

-La política china de hijo único fue implementada después de la hambruna más severa de la historia: alrededor de 40 millones de personas murieron de hambre. Era una medida de emergencia. Si no hubieran hecho eso, habría hoy 400 millones de chinos más. Pese a ese dique, China intenta controlar hoy un desastre ecológico. Pero me he topado con muchos países que han planificado no de forma draconiana sino voluntaria: es una cuestión de concienciar a la gente de que las familias con menos hijos son la mejor opción. Por razones económicas también.

-Menos población significa menos crecimiento, dirán algunos prohombres.

-Imagine que es el jefe de una gran empresa y acude a uno de esos economistas procrecimiento para pedirle consejo. Lo primero que le dirá es que tiene que apretarse el cinturón, hacerse más eficiente y despedir al 25% de la plantilla. Pero en cambio, demográficamente, quieren que crezcamos y crezcamos. Tenemos que reclutar a menos personas y debemos dejar que las cosas pasen paulatinamente: la gente se jubila o muere y la reemplazas con menos personas que asumen el mismo trabajo más eficazmente. El trabajador estaría más cotizado. La riqueza per cápita no caería. A lo mejor la del país sí, pero lo que importa son los seres humanos. Habría menos viajes a Disneylandia y más picnics. ¿Qué tiene de malo eso si la naturaleza se está recuperando? Es la única forma de mantener una raza sostenible.

-Japón está justo en esa dinámica menguante.

-Japón inició la Segunda Guerra Mundial por razones de superpoblación: necesitaba más campo e invadió Manchuria. Tras la guerra volvieron sus soldados y claro, habían echado tanto de menos a sus señoras que un país superpoblado añadió a la cuenta diez millones más. Por haber perdido la guerra la economía estaba en ruinas. Comenzaron a morir de hambre. Una solución (1949) fue legalizar el aborto. Hoy tenemos a una generación del boom demográfico interrumpido que es muy pequeña en comparación con la anterior, con un nivel de educación muy alto, y siempre digo que el mejor anticonceptivo de todos es la educación femenina, porque la mujer pospone sus hijos a sus estudios y luego a un trabajo interesante que no es posible si tiene siete niños colgando de sus faldas.

-¿Pueden los robots paliar el envejecimiento de la población?

-Hay un laboratorio japonés que investiga si la tecnología puede reemplazar la mano de obra y hasta cierto punto es así. El robot puede llevar al anciano al baño y depositarlo suavemente en el excusado, pero limpiarlo es otra cosa. Hay un límite para las máquinas. Somos necesarios todavía.

-Se silencian debates asociados a la superpoblación como el energético. Ya hay viviendas autosuficientes.

-Si estamos hablando del consumo, el producto más valioso en cuanto a ingresos es la energía. Cuando se habla de reducir el consumo, pensamos en tener menos coches o encender menos luces... pero esto no es muy significativo. Sí lo es que todos los seres humanos necesitan energía, mayoritariamente electricidad y combustible fósil para moverse. Los paneles solares o las turbinas eólicas funcionan muy deficientemente aún en un coche. El hecho es que podemos hacerlo mucho mejor con las energías alternativas. Alemania está invirtiendo mucho, pero claro, es la economía más próspera del mundo. Ellos pueden permitírselo. Maneras hay. Por la misma cantidad de dinero y los mismos beneficios, los magnates que levantan una planta de carbón podrían invertir en paneles solares e instalarlos en los techos de todas las casas. La gente no quiere comprar paneles porque son muy caros. Les pagaríamos mensualmente por una electricidad que no castiga la atmósfera.

-Pongámonos en lo peor. La Tierra colapsa. ¿Colonizaríamos la luna?

-Hay dos razones por las que es imposible. Montar una colonia permanente implica una comprensión casi infinita de la ecología. Estamos acabando con la biodiversidad a un ritmo que no se había visto desde que se extinguieron los dinosaurios. El asteroide somos nosotros ahora. Para intentar sobrevivir en una colonia espacial tendríamos que saber qué necesitamos mantener para nutrir nuestras vidas y limpiar y reciclar nuestra atmósfera. Hubo un experimento en Arizona que se llama Biosfera 2: probablemente fue el más importante del siglo XX y consistía en intentar replicar el ecosistema. La razón de su importancia no radica en su éxito sino en su fracaso: nos enseñó que es imposible predecir todo lo necesario para sobrevivir.

-¿Y la segunda?

-No tenemos la tecnología para llegar allí masivamente. Estamos atascados en la Tierra, y tenemos que aprender a tratarla bien para no joderla. Al mundo no le importamos un pedo. Ha salido de cinco extinciones, con el 90% de las especies desaparecidas, pero luego siempre hubo una fertilidad fabulosa y otra explosión. Eso pasará tras nosotros. Lo que quiero es que se mantenga el medio ambiente que nos dio la oportunidad de vivir de una manera tan linda.

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