Bisagras frustradas

ES difícil desentrañar almas como la de IU, donde las corrientes ideológicas se superponen caótica y obstinadamente, anulándose y condenando el (viejo) experimento al fracaso que ya anticipa su actual raquitismo parlamentario. Al problema anterior se añade otro igual de letal: nadie en la casa es capaz de transmitir ilusión. No hay un futurible líder atractivo, no hay salida al bipartidismo aliñado con nacionalismos, no hay opciones para quienes aún se nutren mayoritariamente del engendro comunista, oportunamente salvado por la progresía de la terrible y muy justa comparación con barbaridades histórico-políticas bastante más mediáticas.

¿Qué aportará Cayo Lara (PCE) a unas siglas que su partido ha procurado torpedear cuando Llamazares malmandaba? ¿Bastan los homenajes en miniatura a La Pasionaria? No. Los votantes exigirán el retrato exacto de sus políticas y precisamente por eso no le querrán ni en pintura. A los comunistas les ocurre como a los nacionalistas: lo suyo es un problema de identidad donde todo el que no es afín resulta evidentemente enemigo, y en el saco cabrían desde el PP y la Iglesia (esos fachas) hasta la Casa Real (última parada antes de la estación republicana). Lástima que a Madrazo se le perdiera el macuto ideológico años atrás: el PNV también es de derechas y además no se lleva nada mal con los curas oriundos.

¿Qué aportará Sabanés sino más abstracción llamazarista? Gaspar intentó diferenciarse de Julio (Anguita) con formas más suaves -nada de flirtear con el PP- y una ortodoxia light capaz de cazar votos socialistas. La jugada le salió rana porque sucedió justo lo contrario. Tan blanditos los vieron que ni se tomaron la molestia de barajarlos como opción.

¿Qué aportará Nuet aparte de su musical Josep Joan? Quizás muchos, muchísimos ismos, tantos como admita el diccionario y seguro que alguno más. Pacifismo, ecologismo, feminismo, buenrollismo... La fórmula catalana, la vía ICV aplicada al Estado, con la mala pata de que en este país nadie se cree casi nada, y menos aún eso del piensa en verde y deja vivir.

IU quería ser eterna bisagra, pero CiU y PNV le birlaron ese rol. Entiéndanlo, camaradas, una bisagra abre indistintamente puertas socialistas y populares, pero estos chicos sólo giran a la izquierda. Al final, como todo se reduce al dilema Zapatero-Rajoy, la gente prefiere olvidarse de los intermediarios y optimizar el voto. Así es más sencillo (y directo) mentarle los antepasados al decepcionante dirigente elegido.

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