Bisbal y el tifus en los toros

SU local no es un dechado de arquitectura monumental, pero en cambio sí está emplazado en un lugar milenario. En la primitiva rambla de Gorman que recoge las escorrentías lluviosas de La Alcazaba; es decir, la actual calle de La Reina (por cierto su nombre es muy anterior a la visita de Isabel II en 1862), al lado de la Casa de los Jover (Archivo Municipal) y frente a la Puerta de la Imagen que daba acceso a la amurallada Almedina. ¿Tiene o no tiene pedigrí? Pero es que, además, recibe más visitas que la Catedral, o al menos a la par. Raro es el recorrido por la Almería de siglos (abandonada, muy abandonada) del Inserso -con todo el respeto debido, entre otras cosas porque este mismo mes he ingresado en el gremio- en la que su guía no se pare y señale: Ante ustedes, la peluquería del tío del mismísimo David Bisbal…¡Oooh…! Y vengan fotos con el bueno Miguel. El día que diga de cobrar -aunque se simbólico- se hace rico.

Aquí, y es a lo que iba tras el introito, se habla de todo. Más de los humano que de lo divino. Siempre hemos sido más de tertulia de barbería que de reboticas literarias. Recuerden la de La Almedina donde inició su andadura el Socialismo almeriense; o la de la Cuatro Calles, en la que Juan Breva y El Ciego de la Playa pontificaban sobre el cante por malagueñas y tarantas. Pues bien, hace unas fechas se suscitó un tema recurrente cuando agosto y el abono taurino se hace presente: los colados a la plaza, las distintas formas de introducirse en el coso que diseñaran López Rull y Trinidad Cuartara sin pasar por taquilla.

Que conste: yo no soy el niño que ha dibujado Moreno, jamás he trepado por la fachada a pique de estrellarme sobre el suelo. Lo mío era entrar por el "patio de caballos", durante el sorteo, y atrincherarme -atrincherarnos, en plural- hasta la "requisa" previa al festejo. Cuando cumplí catorce años ya entré como un señor: me encargaron subir las cajas de pasteles al palco de D. Antonio Cuesta -luego alcalde de la ciudad- y de Dª Carmen González, propietaria de la plaza. ¡A ver quien me tosía!, ¡anda que no disfruté corridas de Feria sentado junto piquete de la Guardia Civil! Queda pendiente: las puertas abiertas al arrastrar el 5º toro o cuando mi amigo Manuel Sánchez rompía su hucha de monaguillo para sacar el abono. Y el paisaje de "invitados" en el callejón.

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