Espectáculo, arte y belleza ecuestre

  • La corrida de rejones cumplió las expectativas creadas y llenó los tendidos de un público que se entusiasmó con la belleza de los caballos y el buen hacer de sus jinetes

La de ayer era una tarde muy diferente a la del domingo, comenzando porque aunque hizo bastante calor, el termómetro bajó algún grado y eso se notó en el coso de la Avenida de Vilches. Por otra parte, el cartel no anunciaba novilleros ni toreros, sino tres rejoneadores con un fuerte tirón para los amantes del toreo a caballo, aunque en esto también hay opiniones diferentes como la de quienes consideran que interpretar el arte de Cúchares de esta manera es cualquier cosa menos toreo.

Ayer me dirigí a la Plaza de Toros por la Avenida de Federico García Lorca, siguiendo el camino marcado por la sombra de los árboles, y teniendo que agachar la cabeza por el antiguo Malecón de los Jardinillos, en el que las ramas se esparcen como en la selva amazónica. En la calzada esperan las carrozas de la cabalgata y las madres más adelantadas que se van acercando con sus hijos. El bar La Gloria rezuma ambiente taurino y los aficionados toman el café o la primera copa antes de entrar en la Plaza, mientras en los alrededores de ésta los bellos ejemplares equinos son contemplados y admirados por cientos de personas, entre ellas, nuestro genial artista Tomatito. Supongo que no debo entender nada del trato que se le debe dar a los caballos porque, al igual que quienes estaban junto a mi, nos sorprende y casi nos duelen los latigazos que sus cuidadores les infligen a algunos ejemplares, pero estos obedecen sin rechistar, bueno, mejor dicho, sin relinchar.

El ambiente en el interior de la Plaza es fantástico. Tres cuartos largos de entrada pueblan los tendidos y gradas con pequeños claros. Por los pasillos me saludaron cariñosamente Maruchi y Manolo Arqueros, hermano mayor de la cofradía de Pasión; y el flamante magistrado de la Sala de lo Militar de la Audiencia Nacional, Benito Gálvez, que regresa a Almería en cuanto puede.

Si el domingo estuvo como asesor de la presidencia José Antonio Martín, ayer hizo lo propio Juan Carreño, profundo conocedor y amante del caballo. Creo que el presidente Marcos Rubio, impecable hasta ahora, fue algo generoso al conceder la segunda oreja a Fermín Bohórquez. Desde luego, no me gustó nada el feo gesto que el rejoneador tuvo con sus ayudantes de lidia y con su mozo, tirando de un manotazo la botella de agua cuando el presidente no le concedió la oreja en el primer toro, al que sacrificó a la hora de matarlo.

Casi al final del segundo toro llegó María del Mar Berenguel desde San José para acompañar a María del Mar Gázquez, a tiempo aún de disfrutar de un bello espectáculo en el ruedo, con el arte y la emoción que pusieron en muchos momentos los tres rejoneadores; y en los tendidos, con el colorido de mantones de manila y flores en el pelo que lucieron muchas mujeres como Loli Ruiz, hija del pinto Juan Ruiz Miralles, acompañada por su hermana Nuchi, Antonio y Rebeca, nieta del cantaor Luis el de la Venta, fallecido el pasado mes de marzo.

A la salida de la Plaza, el recorrido hasta el Paseo de Almería y la redacción de este diario era un auténtico hervidero humano tras haber asistido a la batalla de flores. ¡Viva la Feria!.

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