Mágica lluvia de claveles

  • A las siete y media comenzó el tradicional desfile de la Batalla de Flores que este año contó con veinte carrozas. Música y espectáculo por las calles de la capital

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La tita Maruja lo sabe todo sobre la Batalla de Flores. Por eso está a las siete y media de la tarde en la Puerta de Purchena junto a Marina, Naiara y Noelia. Siempre se ha confesado enamorada de los gigantes, porque "forman parte ya de la historia de Almería". Al lado del inmóvil Nicolás Salmerón, la niña de tres años Estefanía Cortés, se aferra al cuello de su madre, Raquel. Luego deja a un lado la vergüenza y se suelta. Le han regalado el traje y la han ayudado a pintarse la raya en el ojo.

No lo saben, de momento, pero al final de la calle Granada están paradas las 20 carrozas que forman parte de la comitiva, de la Batalla de las Flores. Antes, deben pasar los gigantes, entre los que está el ingenioso hidalgo don Quijote, que gira y gira acercándose a dos niñas vestidas de azul. La banda de Música de San Indalecio de La Cañada abre el paso con la música típica de las grandes celebraciones. También participó la de Instinción y los grupos de baile que estuvieron en La Salle, dentro del Festival de Folklore. Gusanitos, patatas fritas y polos de hielo. Los niños estaban sentados en los bordillos, esperando el momento del paso de los protagonistas. Que comenzaron a llegar. La presencia de almerienses a ambos lados de la carretera fue incrementándose conforme se acercaba el paso de la cabalgata.

Llegan a la Puerta de Purchena, donde se encuentran, en cada esquina, con un número importante de gente. Algunos de ellos, como Inés Molina, de Granada, que han llegado a Almería para disfrutar de la Feria. O más concretamente de la voz de David Bisbal. "Estuve en el concierto y decidí quedarme un día más para asistir a la Batalla de Flores, que me dijeron que vale mucho la pena", afirma. Precisamente en ese momento, bajo el sol de agosto, empiezan a caer los claveles. Los responsables, pequeños que ocupaban su puesto en las carrozas. Con tino y muchas ganas, lanzaron las flores a los que estaban presentes. Algunos las pedían, a otros les llegaban. Antonio, Mari Carmen, Sebastián y Abril son de esos. Pasan las carrozas y ellos quedan observando.

Atraviesa el cielo de la capital un globo de helio. ¿Qué pesa más, el helio o el oxígeno? Debe ser el segundo, porque Dora la Exploradora ya vuela alto. Acercándose a las nubes mientras, en el suelo, alguien la está echando de menos. Pasa un faro, que da luz a los barcos que navegan por el mar, pasa Charles Chaplin, con matices plateados, en la proa de una de las carrozas, dedicada al séptimo arte. Y una pareja flamenca. Ella con los brazos en alto, él rodeándola con un gesto orgulloso. De cartón piedra. Rodeados por los componentes de la carroza que juegan a pasarlo bien, a tirar al aire los confeti y la serpentina, que llenan de colores la atmósfera de la capital.

Es una de las citas obligadas y no quisieron dejarla de lado. Muchos se quedaron con las ganas de más. Decidieron correr detrás de sus personajes favoritos.

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