Siempre debí ser ese loco atrevido

  • De algunas de mis lecturas favoritas saqué la frase de que hay que convertir los obstáculos en oportunidades", y bueno, el problema que puede ser mi particular rubor ha de ser vencidos

SU cara me suena, creo haberla visto en alguna parte, pero ¿dónde?. Quiero recordar, pero el paso inescrutable del tiempo no me deja. Su cara, redonda, blanquita, de nariz perfilada y amplia sonrisa, dibuja dos mofletes colorados que hacen de ella alguien inolvidable para mi memoria. Una parte de mí me está diciendo que la salude, pero claro, aquí en la Feria hay demasiada gente y me da vergüenza. ¿Y si me mira como si fuera un loco?, ¿y si piensa que sólo soy sólo un loco atrevido? Mi cabeza está hundida en un mar de dudas y mis amigos se reirían de mí en caso de que me rechace, pero mira, qué más da, pesa en mí otra duda de mucho más peso, y es si la podré volver a ver en alguna otra ocasión. De algunas de mis lecturas favoritas saqué la frase de que hay que convertir los obstáculos en oportunidades", y bueno, el problema que puede ser mi particular rubor ha de ser vencido. Siempre he creído que el destino no está escrito, sino que lo vamos dibujando a cada pequeño paso que damos en esa especie de camino pedregoso, pero precioso, que es la vida. Noto que ella me ha echado alguna mirada, quizás le suene también mi cara, eso me tranquiliza, así cierro las puertas de mi particular retraimiento y decido que la voy a saludar. Espera un momento, ya, sí, ahora recuerdo, es un chica que conocí en la universidad hace un tiempo y que apenas duró 2 días porque decidió cambiar de carrera. Hablé con ella sólo una vez, pero lo suficiente para que me llamara la atención. Una gota de sudor cae sin piedad por mi frente, ¿pero esa chica no estaba en Madrid estudiando conmigo?, ¿habrá vuelto a Almería?. Demasiadas preguntas así que, para no seguir exprimiendo mi atareada cabeza, decido que voy a dar esos cuatro o cinco pasos que me separan de ella. Uno, dos, tres, cuatro, "¡Hola!", me dice ella. Me quedo parado, me ha reconocido, sinceramente no me lo esperaba, pero bueno, eso es mejor que hubiera pasado lo contrario.

La conversación transcurre por donde era de esperar, le cuento que estoy en Almería pasando los 2 meses de verano antes de volver a Madrid para terminar la carrera, ella, sigue también en la capital de España. Pasan los minutos y llevo charlando con ella algo más de media hora. Mi nerviosismo ha desaparecido y el sudor que empapó mi frente ha desaparecido. Por su parte, ella se toca su larga y lisa melena morena. Espera, ¿no decía aquel libro de la comunicación no verbal que eso era sinónimo de galanteo? No quiero más preguntas, bueno, sí, una más, "¿Quedamos mañana?" Otra vez, lo he soltado sin pensar, va a pensar que soy un idiota. "¡Sí, estupendo!". Mi cara se ensancha al compás de la alegría que invade mi cuerpo, dichosa feria que a todos nos reúne, pero mañana he quedado con ella, sus ojos, claros como el amanecer de un nuevo día junto al mar, me dicen que está ilusionada, que le ha gustado volver a verme.

Como si el tiempo diera un gran salto en el vacío, sin saber qué he hecho, de repente, me veo con ella el día siguiente. Estamos en la Puerta Purchena y vamos a pasarnos por la Feria del Mediodía. Ella va vestida para la ocasión, un poco de maquillaje corrige las pocas imperfecciones de su bonita cara, pero las tenga o no, yo no se las veo. Estoy ensimismado, me gusta estar donde estoy y no quiero perder mi oportunidad. Lo que pasó después, para mí lo guardo.

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