Vestidos cortos y manga larga para lucir con poderío

  • La moda flamenca regresa a los cortes más tradicionales · Según los vendedores, unir la feria del mediodía y de la noche en un recinto animaría a la gente a vestirse

Vuelven la peineta, los pendientes grandes y los lunares gigantes. Los vestidos siguen la tendencia del año pasado: cortos, con manga larga para darle un toque más 'agitanao' y zapatos a juego. Los volantes jalonan los trajes y se opta por tejidos que combinan la organza y la batista perforada. Como novedad, la tendencia a que madres e hijas vistan exactamente igual.

Es la moda flamenca. Un nicho de mercado del que se hace uso en fechas contadas y que, pese a ser el estandarte de nuestro floclore tradicional, pierde adeptos en sus filas año tras año.

Para María José Alcaide, encargada de la tienda Artesanía El Rocío, la feria perdió su verdadera esencia cuando se suprimieron los paseos de caballos por el centro de la capital. Según cuenta, los hombres dejaron de vestir de flamencos y, como consecuencia, desde entonces las mujeres "se prohíben más porque el marido no las acompaña".

Esto, unido a la incursión de nuevos ritmos que dejan de lado la rumba y las sevillanas, hace que de las fiestas no quede sino un leve vestigio con respecto a lo que fueron un día. "La gente se viste dependiendo de a dónde vaya y, claro, si vas de botellón esto no pega, te ven como un bicho raro", comenta.

María José, hija de un pionero en este mundillo, sabe bien lo que se dice. Sus padres montaron el primer negocio de artesanía hace 35 años en la calle Murcia. Fueron los pioneros en Almería, junto con Marín Rosa. Sastre de profesión, su padre llegó a hacer hasta 300 trajes camperos con motivo de las fiestas y, actualmente, esa cifra se ha reducido a "entre 15 y 30, sólo para la peña taurina y los toreros".

Para Alcaide, la solución a este problema es fácil, y podría estar más cerca que nunca. "Si ponen todo en un sólo Recinto la gente se animará a vestirse, el problema es que ahora todo está demasiado disperso, y parece que no estamos en feria", argumenta. Este único espacio serviría para recuperar los tradicionales paseos de caballo por el Real y los propietarios de tiendas de artesanía "comeríamos más". Además, en su opinión, el Ayuntamiento debería incentivar la práctica de la tradición mediante concursos que premien los mejores trajes "para que se pierda la vergüenza que tenemos aquí a vestir".

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