Al fresquito de La Alcazaba

Apesar de su vital importancia para el desarrollo turístico, el Ayuntamiento le da ostensiblemente la espalda al enclave amurallado con el sólido argumento de que su titularidad y gestión se halla en manos del enemigo, y claro, al enemigo ni agua. En lugar de eliminar la suciedad que le rodea y adecentar sus accesos, ineludible obligación municipal, el señor alcalde-presidente se levantó una mañana inspirado, entró en casa ajena y dirigiose a los almerienses, después de fracasar en sus conversaciones para la reconversión en residencia de estudiantes del cuartel de La Misericordia: Exijamos (todos juntos y en unión, defendiendo la bandera de la santa tradición, etc.) a la Junta socialista, dijo, un Parador de Turismo en La Alcazaba, da igual en el recinto que sea. Sí señor, con un par. Nada de cultura milenaria. A arramblar sin miramiento con los vestigios del pasado esplendor Omeya.

Ya puestos, si me permite la sugerencia, podría encargarle a Seve Ballesteros - así, a lo grande - un campo de golf de 18 hoyos en el parque de La Hoya, refugio de la fauna subsahariana, ¿a quién coño, de nuevo perdón, le interesan las gacelas dorcas? ¿qué beneficio aportan a la fauna autóctona? El desplazamiento de golfistas adinerados y caddies podía efectuarse desde el propio Parador en telesilla u otros remontes. Y dejar para temporadas venideras las negociaciones con el Obispado por si fuera viable la conversión de la Catedral en apartamentos de lujo. Si las gacelas a nadie importan, menos las piedras cincocentenarias, a no ser que levantara la cabeza fray Diego Fernández de Villalán. Los jóvenes seguramente ignoran que La Alcazaba albergó los Festivales de España en tiempos, curiosamente, de la Oprobiosa. Teatro, Ballets, Danza, Zarzuela, Conciertos Sinfónicos, Flamenco… Ni más ni menos que como hoy se programa en las Cuevas de Nerja, en el Generalife granadino, en la ruinas de Itálica o en el Teatro Romano de Mérida. Aquí no. Los almerienses, algunos almerienses, somos más chulos que un ocho. En la medida de mis posibilidades, pocas, he luchado por cielo, mar y aire, por lo civil y lo criminal, en pro de la recuperación del tercer recinto como escenario nuevamente del Festival Flamenco. Pero con la derecha hemos topado.

El que quiera escuchar buen cante y toque que visite el cemento de La Salle o se lo baje de Internet.

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