La cocina tradicional y de autor se fusionan en el Grand Père

  • Carlos Mañas, uno de los propietarios del establecimiento en El Zapillo y del Petit Grand Père en el centro de la capital, destaca el éxito de la creatividad culinaria

Desde pequeño ha estado volcado en el negocio de la restauración. Carlos Mañas es uno de los propietarios de los bares y restaurantes Grand Père y Petit Grand Père, herederos del Bar León, que se han convertido en un revulsivo para los consumidores almerienses por su calidad e innovación en la cocina.

Primero fue el hermano de Carlos, Jesús, quien se atrevió a levantar el Bar León en El Zapillo. Pasados los años, la familia, implicada por completo en el restaurante, apostó por adquirir un local propio en la misma zona. En esta ocasión fue Víctor, otro de los emprendedores de la prole, junto a Carlos quienes decidieron buscar la diferenciación, ofreciendo a los clientes comida tradicional y platos alternativos. Nacía entonces, hace siete años, el Grand Père.

Hasta diciembre de 2008 el bar era regentado por el padre de la familia. Desde entonces, Víctor y Carlos han sido los encargados de dirigir el restaurante.

Carlos se ha preparado para ello, le gusta. Se ha nutrido en el mundo culinario en Vitoria, ha asistido al Campeonato del Mundo del Pincho, pero aquí no cesa, ahora se forma en dirección de empresas y se sigue reciclando con viajes al País Vasco o Francia, cuna de la comida creativa.

En febrero de este año, y después de haber comprobado el éxito de su cocina en el Grand Père, decidieron desembolsar una importante inversión para remodelar y decorar el restaurante con una visión moderna y vanguardista.

Tras el verano, los hermanos Mañas procedieron a inaugurar el Petit Grand Père en la calle Gernal Tamayo. Un local pequeño, pero con encanto y gran tradición en el centro de la capital. Ahora ya suman una plantilla de 16 personas entre ambos restaurantes.

"En el Grand Père mezclamos la comida tradicional con la de autor, lo que intentamos es diferenciarnos con la comida creativa con sabores fusionados. Todas las salsas son caseras para el gusto de todos los consumidores", explica Carlos, quien añade: "En el Petit Grand Père nos hemos enfocado más a la cocina creativa, así el 98% de la carta". Una de las grandes 'culpables' del éxito de estos dos restaurantes es la mano maestra en la cocina de la madre de estos emprendedores, además, de la apuesta por la calidad a la hora de adquirir los productos que, tras elaborar, sirven a los comensales.

Entre las tapas más demandas se encuentran por ejemplo el solomillo de cerdo al Pedro Ximenez, el bacalao en confitura de tomate y cebolla caramelizada o la carne con tomate en el Gran Père, mientras en el Petit, las más solicitadas son el rollito de salmón con vinagreta al romero fresco, el solomillo de cerdo a los cuatro quesos con nata o el secreto ibérico con setas y pasas. Otro de los detalles de los restaurantes de cara a los clientes es que, además, cada fin de semana en el local de El Zapillo ofrece fuera de la variada carta entre ocho y diez platos deiferentes.

Los dos locales permanecen abiertos para dar servicio durante casi todo el día. Así están disponibles para desayunos, almuerzos y cenas, además de cambiar posteriormente de ambiente hasta acondicionarlos para tomar copas.

Puede que en los próximos años el negocio de restauración de los Grand Père crezca. Carlos Mañas cuenta que entre sus iniciativas se baraja la posibilidad de ampliar el local del centro o bien crear un restaurante selecto en la capital.

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