El CAF homenajea a Paco Gómez con una exposición retrospectiva

  • La sede de este centro acoge 113 fotografías originales de este maestro de los 60 y 70 donde muestra su particular forma de ver el mundo alejada del documentalismo imperante en la época

Paco Gómez tiene una importancia vital en la fotografía española, aunque no es demasiado conocido por el público. Poeta de los muros, rastros, espacios desnudos y pequeños objetos. Su observación parte de una sensibilidad bien enraizada en la realidad, pero trascendente y cargada de sentido simbólico.

Paco Gómez. Orden y desorden se presentó ayer de la mano de su comisaria, Laura Terré, junto a Pablo Juliá. "Fue, a mi parecer, el mejor fotógrafo de mi generación. Ni más ni menos". La frase es de Ramón Masats, pero podría ser de cualquier otro fotógrafo, porque la importancia de Paco Gómez (1918-1998) en la fotografía española de los años 60 y 70 es no sólo innegable, sino también decisiva para entender una nueva manera de trabajar con la imagen.

Y es que la sobriedad, la expresividad y la composición de las fotografías de este autor -que siempre se definió como un fotógrafo amateur- dejaron una huella imborrable en la fotografía contemporánea, que veía en sus sutilezas y silencios una clara visión del mundo.

Paco Gómez. Orden y desorden es la primera gran retrospectiva dedicada a este fotógrafo tras su muerte, ocurrida en 1998. El objetivo está claro, es una muestra definitiva para el conocimiento y valoración de quien realizó algunas de las imágenes más poéticas de la España de la posguerra.

Su comisaria, Laura Terré, dice que "se trata de un autor de gusto ortogonal. Se sitúa de frente y equilibra los límites del formato, excluye lo superfluo, busca los ejes que tensen el espacio y dispara". La sencillez ante todo, pero también el silencio y la austeridad son la base sobre la que trabajó Gómez.

De ahí que aparezcan tan a menudo los muros, las medianeras, las fachadas (como en Huellas, 1960), que entroncan directamente con la pintura matérica de Tàpies, y en los que, cuando aparecen ante ellos ciertos elementos del paisaje, como un vehículo (Tranvía en el paseo de Extremadura, 1959), un graffiti o un personaje (Familia de Turégano, 1959), remitan a la obra de fotógrafos como Aaron Siskind.

Las 113 obras que configuran la exposición incluyen lo que la comisaria denomina "indiscutibles obras maestras" de su trayectoria artística entre 1957 y 1995. Son imágenes realizadas en blanco y negro y, ya a partir de los años ochenta, en color y que presentan a un artista que destacaba por su particular modo de entender la fotografía.

Gómez, sin dejar de retratar la realidad que vivía, la España de los años 60 y 70, ofrecía una visión totalmente alejada de sus coetáneos como Cualladó o Masats, dejando un legado con una impronta genuina y de una gran coherencia tanto temática como formal.

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