Isabel vuelve a ser feliz

Isabel Pantoja ha sido protagonista de dos acontecimientos celebrados el viernes y el sábado pasado, respectivamente, en las localidades sevillanas de Benacazón y Utrera donde ha recuperado, al menos durante el tiempo en el que han tenido lugar, las ganas de reír. Por un lado, el concierto del día veintisiete no podía haber cosechado mejores críticas y, tanto su repertorio -que cambió por completo para la ocasión- como su vestuario -tres nuevos modelos diseñados por Lina-, fueron muy bien recibidos por los tres mil asistentes congregados para la ocasión. Allí, temas clásicos como Sombras, Háblame del mar marinero o Dos gardenias fueron versionados por una artista que, una vez concluido el espectáculo, continuó la fiesta en privado hasta las cinco de la mañana acompañada de amigos y personas de su círculo más cercano. Todos pudieron comprobar, cómo el estado de ánimo de "la" Pantoja ha mejorado bastante.

Una sensación que también se llevaron los organizadores del Potaje de Utrera, Festival Flamenco que, una jornada después de la actuación, cumplía cincuenta y dos años -los mismos que el dos de agosto celebrará Isabel-. Después de intentarlo en varias ocasiones, los organizadores de la Hermandad de los Gitanos por fin contaron con la presencia de esta controvertida mujer en el patio del Colegio Salesiano donde tuvo lugar el acto y donde se escucharon voces privilegiadas como la de Miguel Poveda, posiblemente el cantaor más elegante de la actualidad, La Inés o las tres generaciones formadas por Lole, su hija Alba Molina y la abuela de ésta, La Negra.

Pero la protagonista era Isabel Pantoja quien, de nuevo, volvía a rodearse de seres queridos como sus hermanos, primos, su incondicional Raquel Bollo -a quien le tocó la labor de justificar como "mantenedora" los meritos de la homenajeada-, amén de, por supuesto, su hija, Chabelita, y la mencionada diseñadora Lina. Sólo faltó doña Ana, madre de la cantante, de reposo en Madrid al haber sufrido una incómoda triple fractura del pie que le impidió desplazarse a lo que supuso un auténtico acontecimiento.

Hasta ahora es ella, junto a Alejandro Sanz hace cuatro años, las dos únicas figuras que han conseguido agotar las dos mil localidades puestas a la venta para asistir a esta veterana cena de un potaje cuya cocción precisó ciento ochenta kilos de alubias. Luego, en el intermedio, tuvo lugar la entrega a Isabel de tres trofeos: uno de parte de los patrocinadores, otro del Ayuntamiento utrerano (un relicario en plata de la Virgen de la Consolación) y el último, en bronce, una obra de Sebastián Martínez Zaya que representaba la famosa olla del guiso gitano. "Es la primera vez que recibo un reconocimiento de esta calidez", confesó la que, como regalo, bailó e interpretó A tu vera, Limosna de amores y Procuro olvidarte. Una noche de duende en la que, por unos instantes, los problemas quedaron tan alejados como las cámaras de televisión a las que, una vez más, se les impidió grabar una comparecencia de Isabel. Fueron los únicos que no pudieron compartir su dicha.

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