Llaguno presenta su novela sobre Tombuctú en Granada

  • Antonio Llaguno recorre la historia de Sudán y sus relaciones con los andalusíes desde el siglo XIII reivindicando los nexos de unión entre ambos pueblos

Escuchar la palabra Tombuctú produce inevitablemente una sensación de lejanía. Tan inculcado está en el imaginario popular que hasta en los cómics de Mortadelo y Filemón, cuando los agentes eran pateados por su jefe, acababan en sus arenas. Pero la ciudad africana está a dos pasos en el terreno cultural. Es la gran reivindicación del último libro de Antonio Llaguno, Tombuctú: el reino de los renegados andaluces (Almuzara) que ayer presentó en la Fundación Euroárabe.

Hace cuatro siglos, en 1591, un hombre de Cuevas de Almanzora (Almería), Yuder Pachá, conquistó Sudán al mando del ejército del sultán marroquí Almed Al- Mansur. Ahí comenzó su interés por la zona -fue alcalde de la localidad durante años- que le ha llevado ocho veces a pisar el polvo de Sudán. Desde entonces "he propiciado la colaboración andaluza con esta zona a través de ayuda humanitaria en tiempos de hambruna, cuando era alcalde destinaba el 0,7 por ciento a ayudas y propiciamos recientemente la construcción de una biblioteca para que albergara los manuscritos de un viajero andalusí que llegó allí en 1468 y que fundó la familia Kati".

Pero la presencia hispana y andaluza en la África Negra -sobre todo en la curva del río Níger- se remonta al siglo XIII. "Primero fueron musulmanes que, con el avance de los cristianos en la Península fueron bajando al Magreb y algunos llegaron a la curva del Níger, fundando poblaciones que hoy en día aún se reivindican como descendientes de andaluces". Llaguno también se ha interesado por personajes que dejaron su huella en la literatura, en la arquitectura, en el arte... De estos destaca al granadino Es Saheli -protagonista de la última novela de su editor, Manuel Pimentel-, el autor de la arquitectura sudanesa sobre barro y con formas fálicas. También a otro granadino, León el Africano.

Pero se detiene en su 'paisano' Yuder Pachá quien "al frente de un ejército de unos 6.000 soldados conquistó el imperio shoncai, gobernado por los emperadores askia". En primer lugar se formó un protectorado marroquí con capital en Tombuctú, gobernado por los descendientes de los soldados hispano-marroquís "que se mezclaron con las mujeres del país y que constituyeron una nueva etnia diferenciada, los llamados 'arma' porque fueron los primeros en llevar hasta allí armas de fuego".

Este 'pachalato' duró "244 años, hasta 1833, y se sucedieron 167 pachás" de la dinastía de los 'arma'. "Esto supuso una presencia del Mediterráneo en el África Negra durante dos siglos y medio e incluso hoy en día perviven allí manifestaciones de la Andalucía de hace cuatro siglos, hasta en la manera de ser de sus habitantes", destaca el escritor. De hecho, los descendientes de los 'arma' se distinguen de los demás y, aunque son negros, se les llama 'blancos'. "Hay diferencias en la manera de comportarse, en las relaciones paterno filiales, incluso son más monógamos", prosigue Llaguno. Y de alguna manera, el viajero andaluz es recibido allí como un 'primo lejano'.

Tombuctú: el reino de los renegados andaluces trata de hacer frente s ls historiografía oficial europea "que considera que los primeros blancos que llegaron allí fueron los exploradores que buscaban los premios de las sociedades geográficas en Francia, Bélgica o Inglaterra a mediados del siglo XIX, por lo que parece que el primer europeo fue Gordon Laing, cuando en realidad desde el siglo XIII están en esas tierras otros europeos que además dejaron su huella cultural", reivindica el autor que pone después actualidad a la historia. "Ahora el viaje es a la inversa aunque los que viene a aquí desde esas tierras no son tan afortunados". Otro aspecto "lamentable" es que, al teclear Tombuctú en el Google, aparecen multitud de referencias a películas, algunas de ellas poco afortunadas como la 'berlanguiana' París-Tombuctú, "que nada tiene que ver con la historia de este región y sus gentes". Había tres productos que justificaban el comercio entre el Mediterráneo y el África Negra: la sal, los esclavos y el oro. "Los negros de esas latitudes, que sufrían altas temperaturas, necesitaban la sal para retener líquidos y conservar los alimentos. Esta sal estaba en el desierto de los marroquíes. Pero ellos tenían el oro. Tombuctú era como la estación de aprovisionamiento, donde se producía el intercambio de oro y sal". Y además "se convirtió en un emporio cultural con doctores de Córdoba, El Cairo, Túnez...". Tombuctú y Andalucía, tan lejos y tan cerca.

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