"El arte es un veneno que te obliga a seguir hasta la muerte"

Las cifras de su carrera son sorprendentes: más de cuatro décadas sobre los escenarios, 49 álbumes, infinidad de discos de oro y platino… Un gran palmarés logrado en 66 años donde, además, le ha dado lugar a casarse en dos ocasiones y a tener cuatro hijos -la mitad de ellos también artistas-. Dyango bien podría ser el protagonista de alguna de las coplas que acaba de grabar. Títulos como Tatuaje o Me embrujaste adquieren en su voz con tesitura de tenor una nueva dimensión. Con un ritmo más pausado de compromisos, el aviso que su corazón le hizo antes de terminar 2008 le ha servido para comenzar una ilusionante etapa siempre al lado de esa compañera inseparable que para nuestro entrevistado es la música.

-¿Cómo ha sido la reacción de la gente en estos meses? ¿Ha recibido muchas muestras de interés por su salud?

-Muchísimas. Lo que he visto y experimentado ha sido maravilloso. Cartas, e-mails, telegramas… Personas a las que no conocía y que me pedían que no dejara esto, que si lo hacía, se perdía mucho. Me han dado el ánimo de un chaval joven…

-Es que, igual que los toreros, dicen que los artistas están hechos de una pasta especial…

-Yo, cuando salgo en un concierto, siento que el resto es una pequeñez. No me acuerdo de nada. Incluso, ahora que he estado dos días en el Palau de Barcelona, hay quien me comentaba que me había notado mejor que nunca.

-¿En qué ha cambiado su día a día desde el bache que le llevó al hospital?

-Pues debo andar, comer sin sal, tomar las lógicas pastillas y, sobre todo, he tenido que dejar de fumar. Era un fumador empedernido pero no me importa abandonar eso si puedo mantenerme activo. Si me hubieran impedido cantar, me habrían matado. No sabría vivir sin la música. El que se dedica a esta profesión, difícilmente puede olvidarla. El arte es un veneno que te obliga a seguir hasta la muerte. Eso sí, he reducido mi ritmo de compromisos. Tampoco se trata de ir de valiente.

-Y, en este nuevo tiempo libre de más del que dispone, ¿qué hace? ¿A qué se dedica?

-A pintar. Lo hago desde hace mucho y me parece que no se me da mal. He vendido, he regalado a amigos, he donado con frecuencia para obras benéficas…

-Cambiemos de cuestión si le parece… Está casado, ¿verdad?

-Por dos veces. Mi primera mujer falleció -aunque ya estábamos separados-, y con la segunda he estado en la "clandestinidad" durante 27 años hasta que, hace cinco, contrajimos matrimonio. Hay que estar loco… (risas).

-Un poco quizás… (risas) A todo esto, ¿cuál de las coplas que presenta le dedicaría a su esposa?

-En la Iglesia le dediqué un tema italiano, Dio, come ti amo pero, de estos nuevos, tal vez Y sin embargo te quiero.

-¿Existe alguna melodía con la que no se haya atrevido?

-No. Se trata de llevarlo a tu terreno. Yo he interpretado boleros, clásico, tangos… Y como último, canción española. Jamás podría haber imaginado los resultados. Las letras son poesías y, las partituras, impecables. Me encuentro en un punto óptimo. Si Dios te respeta la voz, cada vez lo haces mejor. Es como el ebanista. Empiezas clavando clavos y terminas haciendo muebles excepcionales.

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