"Soy bastante tosca pero educada"

Cuando habla mira a los ojos con decisión a pesar de que, si se sabe escudriñar en ese espejo del alma que es la mirada, uno descubre que, tras su leonino aspecto, se esconde una persona de nobles sentimientos. Sin embargo, las batallas de la vida han ido esculpiendo una rocosa apariencia de chica dura que, más que nunca, reivindica en sus nuevas canciones. Un "viaje emocional", según las propias palabras de Chenoa, que nos permite conocer mejor a la que, desde el primer momento en el que se coló en nuestros hogares -a través de la pequeña pantalla y de aquella mítica primera promoción de Operación Triunfo-, no tiene inconveniente alguno en mostrarse tal y como es, sin trampa ni cartón.

-Parece que, con la portada de su álbum -en la que se muestra caracterizada de soldado-, vuelve a levantar el hacha de guerra

-Bueno, en parte seré responsable de esa sensación, claro… No se trata de una imagen trabajada sino expuesta. Me expreso como creo que debo y sin hacer daño. Aún no he hecho nada escandaloso. Soy bastante tosca pero educada.

-¿Cantando también?

-Ahí me considero muy visceral aunque en función de cada tema, muestro una u otra actitud. En el trabajo anterior saqué primero un lado más positivo y ahora parto con una balada. Es la primera vez que lo hago y quería comprobar qué pasaba.

-¿Se descubre a Laura a través de las historias que desarrolla Chenoa?

-Sí y no. Hay un lado personal desde el que se me han escuchado decir burradas porque participé en un programa donde la gente me conoció así. Por eso no voy a hacerme la loca negando que no digo tacos, por ejemplo. Ahora me encuentro más controlada… Después, a la hora de escribir, a pesar de que acudo a cuestiones mías, también me alimento observando lo que hace el que tengo al lado.

-¿Es el amor lo que más le inspira?

-Es lo más universal. Todos la compartimos y es complicado motivar con algo más urbano.

-Aunque usted se ha dedicado desde siempre al mundo del espectáculo -pasó mucho tiempo actuando en un casino de Mallorca-, el salto a la fama se produjo después. ¿Es, desde dentro, como imaginaba?

-El que se haga músico para ser famoso, malo. Si en 10 años no me cansé, es porque me gustaba mucho, ¿no? Necesitaba estar ahí delante de tres mil o delante de tres. Es algo de familia. Mi padre es bajista y dirige las producciones de mis giras y, mi madre, cantante y responsable de coordinar las delegaciones de mis fans.

-Algunas figuras, al alcanzar la cúspide, se despegan demasiado de la realidad, ¿verdad?

-No es mi caso. Resido en un barrio de Madrid. Tiro mi basura, reciclo, voy al súper, sé lo que cuesta una avería… No pretendo convertirme en una inútil y, la mayoría de mis amigos, están en el paro. Oigo muchos relatos que preferiría no oir y, por mi parte, ofrezco un ritual de café y prestar mi hombro. Es el mejor regalo que puedes hacer.

-Eso de que resulte tan transparente, ¿es bueno o malo?

-Es otra opción de caracteres. No creo que tenga que esforzarme en caer bien para vender. A mí hay artistas que me gustan por cómo lo hacen y no por cómo son ni para acostarme con ellos. Edulcorar la realidad supondría, en mi caso, falsearla. Si, de repente, hiciera ese cambio, todo el mundo sabría que no sería cierto. Me gusta ponerme a prueba y a examen porque, al final, la que carga con la responsabilidad, soy yo. Cada peinado, cada palabra mía, suele estar juzgada. Prefiero aquello de vive y deja vivir.

-Algo que, con usted, no se cumple totalmente puesto que, ¿cómo sobrelleva que, de continuo, aparezca cerca de noticias sobre David Bisbal?

-No está en mi mano. Uno puede participar o no y las dos opciones son respetables. El problema es que, al que no entra al trapo, parece que le tienen más ganas. Es un tira y afloja. Por más que intentes desligarte, los medios pueden fomentar algo concreto como eso que me comentas. Yo no he intervenido y no lo haré jamás pero… ¡libertad de expresión!

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