desconocidaLa diva

Hace justo una semana que, junto al cantante chino Liu Huan, interpretaba el himno oficial de los Juegos de Pekín 2008 pero, dieciséis años atrás, ya había repetido experiencia inmortalizando, a dúo con nuestro José Carreras, la popular Amigos para siempre, ideada para abrir las Olimpiadas de Barcelona en 1992. Por si fuera poco, la soprano también fue requerida durante el Campeonato Mundial de Atletismo de 2007 en Osaka (Japón) donde, con su hermosa voz, recreó Running, tema que serviría como sintonía genérica del evento.

Son sólo tres grandes hitos en una ascendente trayectoria en la que aún no ha conocido el sabor del fracaso. Nacida el 14 de agosto de 1960 en la localidad inglesa de Berkhampstead, Sarah -la mayor de cinco hermanos-, tomó su apellido artístico de su madre y, desde muy pequeña, demostró unas dotes artísticas que le propiciaron debutar en el London´s Piccadilly Theater con trece años. Bailarina primero, vocalista más tarde, formó parte del grupo Hot Gossip justo después de conocer a su primer marido, Andrew Graham Stewart.

Sin embargo, no sería hasta formar parte del elenco de Cats, y la llegada a su vida de su compositor, Andrew Lloyd Webber, cuando se empezaría a forjar el mito. Separada de su primer amor -y unida sentimentalmente al "padre" de Evita y Jesucristo Superstar-, Brightman recibe en 1986 el regalo que supuso representar a Christine Daeé, protagonista de El fantasma de la ópera que su marido crea inspirado por la prodigiosa garganta de una musa capaz de alcanzar casi las cuatro octavas de registro.

Algún tiempo después, Sarah, que soñaba con emprender una carrera propia como solista, conoció en Los Ángeles a Frank Peterson, productor con quien, finalizado su unión con Webber, emprende una nueva relación en la que, por tres veces, intentó una maternidad que no llegó a buen fin (tuvo dos abortos involuntarios y un embarazo ectópico). Muy al contrario, su fama mundial crecía cada vez más, compartiendo galas con nombres, aparte de los mencionados, de la categoría de Plácido Domingo, Andrea Bocelli (al lado de quien grabó el famoso dueto Time to say goodbye), Tom Jones o incluso el mismísimo Antonio Banderas.

Pop, rock, balada, dance, chill out y ópera son algunos de los géneros que ha cultivado esta diva responsable de haber vendido más de veinticinco millones de discos y de contar, en sus espectáculos, con algunas de las más espectaculares puestas en escena de la actualidad. Quedan como constancia de ello giras en la línea de The Harem World Tour o, en esta temporada, la que realiza coincidiendo con el lanzamiento de su nuevo trabajo, Symphony. En él, aparte de la reinterpretación de algunas piezas clásicas bajo ritmos actuales -algo en lo que es una auténtica especialista y precursora-, incluye una melodía, Pasion, que, entonada a medias con el contratenor Fernando Lima, forma parte de la sintonía de una telenovela del mismo nombre que también le ha abierto las puertas de México.

Enamorada desde el año pasado del búlgaro Louis Overleander, a estas alturas de su trayectoria, habiendo conquistado desde Estados Unidos al Lejano Oriente, desde Hispanoamérica a Europa, sólo España -a pesar de haber intentando acercarse a nuestro mercado incluyendo en algunos de sus álbumes versiones en castellano de , Naturaleza muerta o Hijo de la luna, de Mecano- parece resistirse al poderoso encanto de esta mujer. ¿Cuánto más habrá de transcurrir para saldar esta deuda pendiente?

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