"Los desfiles son un 'show' que esconde mucho trabajo"

A sus 22 años, esta catalana se ha convertido en el rostro habitual de todas las portadas. Sus profundos ojos verdes se han paseado por las ediciones españolas de Elle, Woman o Vogue y ha participado en la Alta Costura de París. Pero a Marta, todo se le queda pequeño. Tras alzarse hace tres años con el premio que otorga L´Oreal a la mejor modelo de Cibeles, se ha convertido en la imagen femenina de Armani. De esta manera, Marta ha puesto un pie en el Olimpo de las tops y de ahí, no la saca nadie.

-Siempre la he tenido por una de esas modelos que podrían desfilar recién salidas de la ducha. ¿Diría usted que la naturalidad es su seña de identidad?

-Tengo que confesarte que a diario suelo ir con la cara lavada, no soy una gran amante del maquillaje cuando no estoy trabajando. Es posible que la naturalidad sea mi gran baza, o al menos, es lo que he intentado reflejar siempre.

-Puede que sea eso lo que ha seducido a Armani. ¿Cómo surgió la oportunidad de convertirse en imagen de esta marca?

-Primero me llamaron desde mi agencia de Milán para decirme que tenía opciones para protagonizar la campaña, pero hice mucho caso. Los clientes barajan muchas caras y no siempre se confirman las ofertas que te hacen, Así que cuando me avisaron para firmar el contrato… Te puedes imaginar… ¡Lo pregunté 1000 veces para asegurarme de que lo había entendido bien! Para mi es un reconocimiento a todos los años que llevo trabajando como modelo y una gran satisfacción personal.

-Hasta la fecha ha trabajado para firmas como Tintoretto, Oysho y Naf Naf. ¿Cuál ha sido la campaña que recuerda con más cariño?

-Tengo muy buenos recuerdos de varias de ellas, pero la que más me marcó tuvo lugar en mis inicios: Joaquín Verdú lanzaba su primera colección de novias y confió en mí para hacer la imagen. Yo llevaba muy poco tiempo trabajando, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

-¿Qué significó para usted ser proclamada en 2005 como la mejor modelo de la Pasarela Cibeles?

-La verdad es que fue una gran sorpresa. Significó mucho para mí, sobre todo porque era un premio que me otorgaban en mi país y eso es una gran dosis de energía positiva para cualquier modelo.

-¿Qué hay detrás del glamour de las pasarelas?

-Mucho trabajo. El desfile es un instante fugaz, un espectáculo para los que lo ven y los que lo realizamos. Pero detrás de ese show hay mucho trabajo, muchas horas de espera, varios vuelos y demasiados días fuera de casa, sola la mayoría de veces… Es un mundo estresante pero muy satisfactorio.

-Habrá viajado mucho gracias a su profesión. Díganos cuál es su rincón favorito en el mundo.

-Me siento muy afortunada por haber podido viajar a todos los lugares a los que mi trabajo me lleva, lugares que jamás imaginé que conocería. Guardo un precioso recuerdo de Zanzíbar, por sus colores, sus playas y, sobre todo, su gente. Fue una experiencia que nunca se borrará de mi memoria.

-Ahora que la fama ha llamado a su puerta, dígame: ¿Era como la soñó de pequeña?

-No me considero en absoluto una persona famosa. Soy una profesional cuya profesión tiene mucha visibilidad, eso es todo. Cuando no trabajo llevo la vida de cualquier chica de mi edad. Además, si te soy sincera, de pequeña no pensé que acabaría siendo modelo. Durante un tiempo me imaginé como bailarina, más adelante tomé clases de jazz y, poco a poco, mi interés fue derivando hacia la enseñanza. Al final, me decidí por la educación social, ya ves.

-Fue seleccionada para uno de los almanaques más famosos de nuestro país: el Calendario Larios. ¿Se prestaría como imagen del Pirelli?

-No creo que me lo pensara dos veces. Pirelli es Pirelli, lo hacen las mejores modelos del mundo y los principales fotógrafos de todo mundo, ¿Cómo podría rechazarlo?

-A parte de éste, ¿qué otros sueños le quedan por hacer realidad?

-Ahora mismo estoy muy feliz con todo lo que la vida me está ofreciendo y no puedo pedir más. Tengo sueños o, mejor dicho, pequeñas ilusiones, pero son cosas del día a día: seguir con mi carrera de modelo, acabar la universidad y formar una familia.

A buen seguro, será cuestión de tiempo que se hagan realidad porque Marta no necesita hadas madrinas para brillar.

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