"La literatura no pretende alumbrar la verdad, sino hacer libre al hombre"

  • Por partida doble. El escritor presenta 'Las montañas de la luna', con la que vuelve a adentrarse en África, y 'Desnuda en lo real', una novela sobre el amor y la "aberración sexual"

Su sombrero africano, algo gastado por el uso, constituye la prueba más evidente de su pasión por África. A sus títulos sobre el continente que le enamora y le atrapa, se suma ahora una nuevo: Las montañas de la luna. Pero al escritor Manuel Villar Raso -granadino porque ("¡qué puñetas!") aunque nació en Soria vive en Granada desde hace más de 40 años- los últimos meses le han cundido por partida doble, ya que acaba de presentar una novela bien diferente a la mencionada.

Se trata de Desnuda en lo real, "una historia de amor" y, a su vez, "un estudio sobre la aberración sexual que existe en este momento en España". Su autor, que se inspiró para el título en una escultura que Lamela expuso en Alcalá de Henares, llevaba tiempo gestando esta historia de amor.

"Desde pequeña, una mujer vive enamorada de un artista granadino que tiene un montón de amantes pero que no se ciñe a ninguna de ellas. Pasa el tiempo y, a sus 40 años, decide concertar con él tres noches de amor salvaje con el objetivo de quedarse en estado", relata el autor. Lo que no se espera el lector es que finalmente, una vez que lo logra, es el genio quien quiere seguir con ella y no al revés.

Nada que ver con Las montañas de la luna, una obra "más autobiográfica" y construida a base de relatos cortos que se remontan en el inicio a su niñez, que empalma "con una novela que tengo sobre la posguerra, La casa del corazón", sobre los terribles años 40. La obra incluye tres historias africanas sobre la inmigración, así como varios relatos protagonizados por mujeres: "Son maltratadas por hombres pero al final resultan ser más fuertes que ellos".

A Villar Raso siempre le ha interesado el tema de la mujer africana por ser el ser más desheredado. "En África, los hombres tienen formas de escapar de la miseria -el ejército les da de comer, por ejemplo- pero la mujer no tiene nada y tiene que hacerlo todo. Es una realidad espantosa. Y no digamos nada del Sudán, donde hablamos de tres o cuatro millones de muertos. La FAO lanza comida a los poblados y la guerrilla la coge", relata.

Pero el origen de Las montañas de la luna se remonta a una conversación con su compañero y amigo Jerónimo Páez: "Una vez me dijo que teníamos que hacer un viaje desde Zanzíbar a las montañas de la luna. Yo le pregunté: ¿dónde están? Y me contestó que en Uganda". Se trata del mítico viaje de Richard Burton en busca de las fuentes del Nilo. Las montañas son "el más allá", "la muerte, "donde no se puede llegar". Es un viaje que Villar Raso aún tiene pendiente tras saldar deudas a través de una larga trayectoria en la que ha revisado el pasado, en la que se ha adentrado en Granada; y ha amado a África.

Ahora, ya jubilado (hasta hace escasos meses impartió clases de literatura norteamericana), su obsesión es "recorrer el mundo", tarea que le ha unido a Rafael Guillén. "Como bien me dice, la colilla se nos está apagando y hay que darse prisa. Ya hemos estado en Vietnam, Sudamérica; hemos cruzado el Atlántico y nos quedan muchos países interesantes". Fruto de uno de los últimos que ha realizado -a Brasil- son cien páginas y un título: Las mujeres del Paraná.

En medio de tanto viaje, Granada es para el escritor "el centro del mundo". Prácticamente aparece en todas sus novelas, aunque la que más se centra en la ciudad de la Alhambra es La larga noche de Ángela. Y es que, en cualquier caso, el sur aparece en todas sus obras.

Su obsesión por abarcar la totalidad del mundo parte de la idea de que "mientras uno sea inquieto, escapa de la muerte". Y precisamente, otro de los temas preferidos de este escritor aventurero es la violencia en España. Ya escribió Comandos vascos, obra publicada en 1980 y con la que no se siente satisfecho.

Ya tiene escrita otra y, según anticipa, sucede "dentro un zulo, durante 265 días y con un secuestrado y cuatro terroristas". Pero, ¿cómo llevarlo a 300 páginas? Su respuesta es dubitativa: "Podría dar ejemplos más claros pero no me atrevo porque conozco muy bien al personaje. Intenté hablar con él pero no quería y entonces le dije que haría su novela dentro del zulo".

La historia "narra desde el momento del secuestro hasta el final", y aborda la psicología de los terroristas, lo que el autor dice conocer bien. "Viví en Vitoria e incluso en el instituto donde trabajaba había algún muchacho dentro de ETA. Y la psicología del terrorista es algo que me ha obsesionado", argumenta. Pero, ¿cómo resolver el final?, ¿cómo salvar al hombre? "A través de una terrorista". Es por ello que Villar Raso aún duda entre dos títulos: Los Terroristas o Historia de amor de una terrorista.

Lo que está claro es que esta novela, al igual que todas sus obras, no tiene ninguna pretensión, como tampoco la tiene, en su opinión, la literatura: "Ni si quiera trata de alumbrar la verdad, sino que intenta hacer personas libres, empezando por el propio escritor, que debe entender el mundo y a sí mismo". En su opinión, la literatura "nos hace más libres" y, en su caso concreto, le ha ayudado a "entender todo tipo de culturas, personas y situaciones".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios