"Las mujeres de los toreros también estamos hechas de una pasta especial"

Arantxa del Sol está esplendorosa. La maternidad la ha embellecido más aún si cabe y, con cada gesto de su rostro, desprende felicidad. Así, la esposa de Finito de Córdoba ha querido sincerarse para los lectores de este periódico abriendo las puertas de una vida familiar que la satisface casi plenamente. Sólo la posibilidad de regresar, con un proyecto que merezca la pena, a su trabajo como presentadora de televisión le haría redondear al cien por cien su dicha pero… tiempo al tiempo. Por lo pronto, tiene una pequeña de seis años, Lucía, y un recién nacido, Juan Rodrigo, que ocupan por completo sus días y sus noches. Eso, sin olvidar a ese hombre al que ha entregado su corazón y por el que cualquier sacrificio merece la pena. Amor en estado puro.

- Ya que presta su imagen a estos establecimientos no puedo sino preguntarle si se preocupa por la ropa que llevan sus niños…

- Sí, claro. Soy muy detallista. Disfruto más saliendo de compras para ellos que para mí. Desde luego, en la medida en la que me dejan porque Lucía, por ejemplo, ya tiene su personalidad y no es fácil meterla en vereda. Le encantan las prendas deportivas y cómodas. A mí me gusta que vayan iguales, sobre todo porque ahora existen posibilidades que no son nada rancias. En estas tiendas encuentras desde lo clásico hasta lo que es menos convencional.

- ¿Se le parece Lucía? ¿Se siente reconocida en ella?

- Está muy mezclada. Ha habido etapas en las que éramos idénticas pero la mirada es de su padre. De todos modos, mi marido y yo tampoco tenemos físicos tan contrarios. Eso sí, en el carácter se acerca más a mí aunque con matices. Nosotros somos más tímidos y a ella le encanta la gente y hablar.

- ¿Y el pequeño?

- Aún no sabemos (risas). Físicamente quizás es más el padre.

- ¿Se ha encelado la hermana de la llegada del bebé?

- No. Está encantada. Nunca ha sido muy de muñecas pero a Juan Rodrigo lo ha tomado un poco por uno. Le gusta cogerlo y hacerle mimos. Es muy tierno.

- Arantxa, ¿no echa de menos su actividad como presentadora? Porque, este tipo de actos, no son realmente su profesión…

- Me encantaría volver a la televisión, pero no me han ofertado nada interesante como para que me merezca la pena sacrificar lo que paso junto a mis hijos. He elegido este camino y estoy disfrutándolo muchísimo. Participé en programas, como Vivan los novios, donde sorprendía la reacción de la gente. Ahora lo que se hacen son debates con actores que gritan. No es ya rosa, sino amarillo. Sea como sea, considero que sería bueno reincorporarme a algún proyecto incluso por los niños. Es bueno que vean que su madre sale a trabajar para ganarse el sueldo. Por otro lado, estoy educada a la antigua usanza con lo que, la faceta profesional, la suplo con la personal. Disfruto del presente y de las cosas tal y como van viniendo.

- ¿Se considera una madraza?

- No lo sé. Creo que soy madre y punto. Todo no es tan bonito, ¿eh? (risas) Tiene sus momentos. También te cansas y hasta te agotas. No soy la que más juega pero sí intento exprimir al máximo cada instante. El que es un padrazo es Juan…

- ¿Sí? ¿Qué me dice?

- Como él solo.

- ¿Y no ha afectado a su matrimonio la llegada de sus hijos?

- No nos lo planteamos. Cuando son recién nacidos, nos centramos en ellos pero luego proyectamos nuestras pequeñas escapadas y vamos haciendo lo que podemos.

- Dicen que los toreros están hechos de una pasta especial… ¿las mujeres que los acompañan también?

- Sí. Asumes mucho que, por sí sola, no me hubiera creído. Juan ha tenido suerte y apenas ha tenido cogidas. Eso es lo peor. Estás al lado y no sabes qué hacer ni qué decir. Es también complicado. Hay que dar gracias a Dios caporque regrese sano a casa cada jornada.

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