antonio praena. poeta

"Si la poesía te toca de verdad es muy difícil no seguir escribiendo"

  • El autor granadino participa en el V Encuentro de las Artes y de las Letras del Mediterráneo de Almería Es profesor de Teología en Valencia

Antonio Praena Segura (Granada, 1973). Es uno de los poetas granadinos con mayor proyección literaria. Profesor de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia, complementa su docencia e investigación con seminarios y opcionales sobre la relación entre teología, cine, poesía y arte contemporáneos.

Con motivo de su visita a Almería, hace un recorrido por las vivencias del autor, adentrándonos en un poeta que lleva la búsqueda de su ser entre las formas, las experiencias y la deidad.

-Vivimos tiempos convulsos, en los que el ser humano ha perdido muchos de sus valores y de sus principios. ¿Cree que son malos tiempos para la fe y la literatura?

-Pienso que son unos tiempos plenos de retos y de posibilidades. Si no dejamos que las decepciones y las crisis de valores nos paralicen, estas pueden convertirse en la oportunidad para encontrar nuevos registros, temas, lenguajes poéticos. En la historia de España los periodos de decadencia política y social han venido acompañados de obras maestras. Se trata de mirarnos en el espejo y reaccionar. Recurrir a ese misterioso don de inventarnos a nosotros mismos, que es un imperativo para el verdadero artista. Con la fe ocurre lo mismo. Las dificultades, las noches oscuras, los contrasentidos, nos obligan a volver a lo esencial, lo verdaderamente importante despojado de lo accesorio e inauténtico para liberarnos y vivir mejor la fraternidad. Los momentos difíciles hacen posible encontrar a Dios de otra manera.

-En su primer poemario Humo Verde, sus poemas, entre otras características, estiban entre la beldad y lo matérico. Entre la pureza y la lasciva carne. ¿Qué es lo que le lleva a seguir escribiendo y no desfallecer en el intento?

-Creo que si la poesía te ha tocado de verdad es muy difícil no seguir escribiendo. Otra cosa es hacerlo bien y aplicarse con rigor. Yo he estado a veces a punto de tirar la toalla y, si no dejar de escribir por completo, sí dejar de publicar con voluntad de comunicación y de calidad. Cansa la exigencia y cansa tensar tanto la propia vida. La carne es débil y el camino fácil está siempre ahí. Pero llegan unos cuantos versos que no parecen tuyos, que parece que han caído en tus manos sin buscarlos, y recobras la confianza. Por otro lado está la recepción de los lectores o cuando un crítico de los de verdad, de los que siempre has admirado por su independencia, dice algo bueno que sabes que no es el típico cumplido. Parece que escribes más porque un misterio te obliga, un exceso de belleza te golpea o una realidad te duele demasiado, que porque tú lo decidas. Otras veces se trata de una soledad que rompe a hablar porque ya es insoportable. Te rompe a ti mismo y esa rotura es la palabra.

- Sus poemas, entre la mística y lo humano, son un canto combativo y rebelde. ¿Qué hay de místico en el hombre que no pueda contenerse en otro plano?

-Quizá, precisamente, lo principal del hombre, eso que no se puede decir ordinariamente, el misterio de la vida, un algo más que está detrás de todas las cosas. El exceso del amor que hay en el hombre y que nos empuja a lenguajes diferentes. También esa dimensión de la belleza que no se puede describir y que nos empuja hacia un lenguaje que requiere un no sé qué más allá.

-Vicente Gallego asevera sobre su obra que estábamos ante un poeta de fuste. ¿Qué hace que su discurso poético tenga ese cambio abrupto en la concepción de la realidad?

-Sería poco modesto hablar de mí mismo. No sé si mi concepción de la realidad es diferente o simplemente he sido agraciado con la posibilidad de decirla de modo diferente. Si es un don y presumo de ello, entonces el don se esfumará. En todo caso y aunque no lo parezca, he vivido muy intensamente, he pasado por grandes transformaciones en mi vida. Me he entregado mucho y he sufrido bastante también. Naces con una sensibilidad rara y, por ello, la vida y tus opciones te llevan a mirar la realidad desde ángulos diferentes. Creo que eso no se elige, ni siquiera la posibilidad de elegir se elige. Simplemente obedeces a ese misterio humildemente. Para mí existe una mano de la Providencia que conduce cada una de nuestras vidas y nuestras miradas a la realidad.

-En el libro Poemas para mi hermana, obtuvo el Accésit en el Premio Adonais. Un poemario intenso y exquisito que descubre las mieles del ocaso, en un tono amoroso, de gratitud por lo compartido. Que hace referencia a la infancia, a los recuerdos, los días ¿Qué ha cambiado en el discurso de Antonio Praena que antes no plasmaba en sus poemas y ahora sí?

-Poemas para mi hermana fue mi segundo libro, en realidad el primero con una voz más sólida. Están la infancia y la pérdida de un amor disfrazado bajo la apariencia literaria de la pérdida de un ser querido. Creo que pérdida y amor han permanecido en los libros que vinieron después. Lo que ha cambiado es el estilo, más seguro, más libre, con un peculiar sentido del ritmo cada vez más naturalizado. Igualmente la fusión de influencias cada vez se ha hecho más intrépida. También han entrado imágenes más inusuales, más inorgánicas, para hablar de cosas que en el fondo son universales.

-El ser humano tiende a convidar a sus demonios, a combatir en silencio contra sus miedos y sus frustraciones. Pero, ¿Cree que el dolor redime al hombre o, por el contrario, buscamos un consuelo que nos calme, que nos haga olvidar lo que realmente sentimos?

- Creo que el dolor por el dolor no redime. Al contrario, debe ser redimido, que es algo distinto a ignorar su existencia, esquivarlo, disfrazarlo. Hay que sentirlo, mirarlo con coraje cara a cara para vencerlo, para encontrar, extraer o forzar su sentido. La poesía es una forma de hacerlo. En "Actos de amor" eso está bastante reflejado. De esa pugna emana poesía, una poesía bastante diferente de la lírica blanda y sentimental que tanto triunfa últimamente. Aun siendo contenido con los tonos trágicos, brota del dolor una poesía de belleza dura, con aristas y perfiles agudos. No a todos los públicos les gusta.

-"Actos de amor", Fundación José Hierro, 2011, supone un cambio de registro. El autor ahonda en la esencia del ser humano: un viaje finito que debe de partir y enfrentarse al deterioro progresivo del cuerpo. Trasladándose desde los conceptos de Unamuno hasta llegar a la búsqueda de los sustentos del hombre. ¿Cuál es el mayor acto de amor que puede hacer un ser humano, si es que existe y se puede?

-Creo, debo creer y creo, que se puede amar. Claro, hablamos de un amor distinto al amor al que nos acostumbran los anuncios de perfumes. Creo en el amor como proyecto, camino, entrega. Felicidad recibida como don y, a la vez, combatida, defendida y compartida frente a la sensiblería facilona. Amar es luchar contra el egoísmo dándonos al otro. Una amistad de la que goza el cuerpo en toda su extensión pero que va más allá del cuerpo. Creo que el mayor acto de amor -no voy a ponerme heroico y mítico- es perseverar junto a alguien. Estar.

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