Entrevista a Emilio Gutiérrez Caba

"El teatro tiene una discontinuidad laboral preocupante"

  • El actor, que cumplirá 75 años en septiembre, no tiene previsto dejar los escenarios

Emilio Gutiérrez Caba. Emilio Gutiérrez Caba.

Emilio Gutiérrez Caba. / D. S.

Desde la autoridad que le otorgan seis décadas consagradas al teatro, Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942) contempla con "preocupación" la "discontinuidad laboral" que sufren las artes escénicas españolas y el actual vacío de "formación integral" que sufren las generaciones actuales.

"Uno no entiende muy bien qué es lo que sucede con el teatro hoy en día, cuando no hay una relación más continua o una afición más frecuente por él y los medios audiovisuales e internet lo han convertido en algo museístico, lo cual no debería ser cierto", asegura Gutiérrez Caba en una entrevista con Efe.

El veterano actor, quien el pasado sábado recibió junto a su colega Luis Varela el Premio Paco Martínez Soria del Festival de Cine de Comedia de Tarazona (Zaragoza), reivindica la "credibilidad y la cercanía" de la dramaturgia, un género que, estima, ha seguido una transformación "más acusada" en España que en el resto de Europa.

"Cuando los actores de nuestra generación hacíamos teatro, trabajábamos cada día del año y había momentos en que no teníamos ni una jornada de descanso, en épocas no muy lejanas. Ese teatro ya no existe", añade el prolífico artista, que ha representado sobre los escenarios decenas de obras de autores clásicos y modernos.

Precisamente, es su dilatada experiencia teatral -su "labor fundamental"- la que le lleva a defender la "garantía y la preparación especial" que brinda lo dramático a los actores a la hora de abordar empresas como la ficción televisiva y el propio cine.

"El cine es algo en lo que puede intervenir gente que no ha hecho nada más en su vida, que tenga una magnífica fotogenia y que pueda tener unas fantásticas aptitudes. En teatro, si no tienes unas aptitudes absolutamente creíbles, a la segunda función te tiran hortalizas", explica.

Además, pone de relieve "la complicidad y comunión" que surge entre el elenco de actores y el público, al que directamente señala como "responsable" de que la función en curso "sea mejor o peor", mientras que en la pequeña y la gran pantalla asegura que hay "una ocultación de realidades" ajena a la interpretación.

"En el teatro sí que es necesario conectar cada día de una manera mágica con los espectadores, porque son ellos quienes aportan a la representación la emoción, la risa o el llanto cuando están viendo lo que nosotros escenificamos", relata el también ganador de dos Premios Goya consecutivos al Mejor Actor de Reparto (2000 y 2001).

Ante la ruptura en las costumbres de las artes escénicas que él mismo dibuja, esgrime el argumento de la instrucción para las nuevas generaciones de actores -entre las que recuerda a su sobrina nieta Irene Escolar, "que va pisando fuerte"-, a las que llama "a ser curiosos" de sus raíces artísticas.

"Les guste o no, el teatro español es lo que tienen. Ellos no vienen de la civilización anglosajona, sino que vienen de la cultura latina. Así, podemos aportarles información de cómo era, se hacía y se vivía el teatro, para que tengan una comparativa y conozcan sus derechos y obligaciones", desarrolla.

Del mismo modo, el miembro de una de las dinastías de actores más reconocidas de España lamenta la proliferación de "cursos, cursillos y cursazos" de interpretación por el "poco rigor" que, en ocasiones, presentan en sus currículos, y achaca su extensión al "abandono" que el Estado ha hecho de la formación de los ciudadanos.

"La no formación de los ciudadanos parece que pasa en todos los campos, y naturalmente el teatro no iba a ser una excepción, sino una realidad más dentro del caos", prosigue el actor, inmerso ahora en la obra "Después del ensayo", escrita por Ingmar Bergman, y ya volcado en diferentes planes profesionales.

El año que viene tiene previsto montar un espectáculo en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, titulado 'La cueva de Salamanca', "que nada tiene que ver con Cervantes ni de Ruiz de Alarcón", que ha escrito él y que confía en representarlo para el octavo centenario de la Universidad de Salamanca y en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, anticipa.

Por añadidura, trabaja desde hace tres décadas en un libro sobre su familia, del que ya ha concluido algunos pasajes sobre su tía, la mítica actriz Julia Caba, y en octubre comenzará a rodar un proyecto cinematográfico junto al director Julio Medem.

No obstante, en su futuro más inmediato -el presente "no existe" para Emilio Gutiérrez Caba-, no contempla, por ahora, dejar los escenarios, aunque sí cree que pronto deberá tratarse de una dolencia sufrida recientemente en su cadera.

El actor cumplirá 75 años en septiembre y "solo la falta de trabajo le puede retirar del todo", asegura.

"Las limitaciones que van imponiendo las obras, la edad... son algo que uno tiene que tener presente, en la cabeza. En un momento determinado, la edad a uno le puede llamar al retiro, como a otros compañeros, aunque por ahora no está en mi mente", confiesa Gutiérrez Caba, vallisoletano de nacimiento y madrileño de alma.

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