Penal y gol, es gol

jorge colipe

Yo estuve allí

Período de pruebas y jugar contra España, entraña serios riesgos, y fue lo que pasó

Se me ocurrió ir a ver un amistoso. El encuentro enfrentaba a España con Argentina. Fue el martes pasado y el resultado ya es por todos conocido. Un 6-1, vergonzoso y vergonzante para una camiseta con tradición, para un equipo grande, para jugadores a los que se le supone carácter y jerarquía. Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero haré de abogado del Diablo y me voy a poner dentro de la calva del técnico Jorge Sampaoli. Me explico. El ex del Sevilla asumió la conducción de la albiceleste en el mes de junio pasado, cuando Argentina tenía pie y medio fuera del Mundial. Lo hizo en el predio de la AFA, una asociación oscura, intervenida y caótica luego del reinado de Grondona. Este desastre institucional se ha traducido en incoherencias, falta de proyecto y una permanente ruleta rusa donde el equipo bicampeón, juega todos sus partidos a cara o cruz. La afición, a la que solo le importa ganar, culpó de los malos resultados a Leo Messi, quien a diferencia de Maradona, con 10 más, no ha sido capaz de ganar un título internacional. Pero todo eso es poca cosa en esto del fútbol moderno, donde a pesar de tener al mejor de la historia, a veces no te alcanza. Repasemos. Un técnico nuevo, sin tiempo para trabajar con el grupo, sin fechas para poder probar jugadores, que solo tendrá un mes antes del mundial para sacarle punta al equipo, hoy está en el ojo del huracán. En ese contexto, Sampaoli es un argentino más que se aferra al juego determinante de Messi; o lo que es lo mismo, se agarra, como todos, a un hierro hirviendo. Así, condicionado por las circunstancias, Sampaoli, aun sin lista definitiva, vino al Wanda Metropolitano a probar jugadores. Período de pruebas y jugar contra España, entraña serios riesgos, y fue lo que pasó. España no hizo un partido brillante, Argentina se lo puso fácil. Mérito de La Roja y demérito de la albiceleste. Las cosas que empiezan mal, terminan peor. Vamos a ver qué nos depara el destino. Nos comimos 6. Yo estuve allí.

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