La cepa del palo

césar vargas

Los galones

No es algo que nos venga nuevo. Este Almería carece de líderes naturales en el vestuario. De hecho, es algo que se puede deducir sin dificultad de un plantel que va camino de cumplir un lustro a la deriva. El del Mediterráneo es un vestuario que se ha convertido en un despiadado y caprichoso devorador de entrenadores y en una causa perdida para el aficionado. Con esta, serán tres las temporadas vagando con más pena que gloria por Segunda División, sin contar con los insufribles años anteriores en Primera, con una permanencia agónica y un descenso evitable. Ya la hemos normalizado, pero es una trayectoria aterradora.

Sorprende, ante este sinvivir en el que estamos sumidos, que haya futbolistas rojiblancos que sigan brillando más por su ego que por sus méritos deportivos, pero es más curioso que nadie sea capaz de pararles los pies dentro de este club. Ni Morcillo ni Joaquín ni Rubén Alcaraz, los tres capitanes de este curso, han alzado la voz frente a los micrófonos ni en redes sociales ante la más que dudosa actitud de muchos de sus compañeros. Tampoco, por supuesto, jugadores a los que se les presuponen galones, como Verza o Trujillo. Este último, de hecho, rara vez asiduo a ponerse delante de un micrófono, más preocupado de que alguien le pregunte por el alarmante nivel que está exhibiendo que de asumir responsabilidades como hombre que lleva una década en el club.

Tuvo que ser Tino Costa el que, al fin, dejase entrever públicamente que sí hay gente en el vestuario molesta por la falta de implicación de algunos jugadores. Lo hizo él, un recién llegado que apenas ha podido jugar esta campaña por una lesión. Probablemente no sea porque el argentino sienta más el club que cualquier otro compañero, sino por su experiencia. A estas alturas, no tiene que quedar bien con nadie. Si algo le parece mal, lo dice. Y hace bien. Morcillo, Joaquín o René sí demuestran, dentro del césped, su autoridad. No deberían tener miedo a ejercer este liderazgo ante la prensa. Los irresponsables no pueden campar a sus anchas.

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