Carta del Director/Luz de cobre

Almería se moviliza

Sólo hace falta una causa que llegue al corazón para que nos sumemos a reivindicarla con júbilo

Quién dijo que los almerienses éramos apáticos. Quién esbozó tal posibilidad, sesudos analistas de salón, desconocen o desconocían la capacidad de solidaridad, orgullo y protesta de un pueblo como este. Con seguridad el planteamiento estaba errado y lo que hacían falta eran motivos reales para la protesta, que se nos toque la fibra o que aquellos que tienen en sus genes la capacidad de convocatoria sean capaces de poner en el asador la carne -eso siempre-, pero además la capacidad de sazonarla, sumar el condimento adecuado, encender el fuego y, cómo no, tratar de que se cocine según mandan los cánones de los mejores cocineros. Desde el 8 de enero hasta hoy Almería y su provincia ha respondido, con creces, a las llamadas que ha recibido para expresar su opinión. La huelga y manifestación del Día de la Mujer hizo historia. La llamada al paro fue secundada de forma masiva y la concentración, por numerosa, festiva y reivindicativa, fue una sorpresa hasta para los convocantes. Y es que sólo hace falta una causa que llegue al alma o al corazón para que esta tierra, solidaria donde las haya, se sume con alborozo, júbilo y reivindicativa a ella. Primer motivo de alegría de un mes que toca a su fin y que será recordado por los que aquí habitamos como uno de los más tristes de nuestra historia reciente, pero también por el despertar de Almería del letargo en el que parecía sumida desde hace décadas. El caso del niño Gabriel ha puesto sobre el escenario la solidaridad, la indignación y la rabia de todos aquellos que nos sentimos personas de bien. Almería respondió con creces a la primera concentración en apoyo de los padres del pequeño y por su pronta liberación. Los hechos hicieron añicos cualquier atisbo de esperanza. Todos conocen el resultado de 13 días de solidaridad, indignación, rabia y tristeza, pero ahí queda la capacidad de apoyo de un pueblo como este, acostumbrado al olvido de los que nos gobiernan, innovador para luchar por si mismo, pero cercano hasta los tuétanos cuando de mostrar sentimientos y cercanía a raudales se trata. Apagados los rescoldos del caso, aunque siempre en nuestros corazones, le tocó el turno a los jubilados. Más de cinco mil se manifestaban el domingo por unas pensiones dignas. Y es que la famosa carta del ministro de turno, en la que todos los años se les informa de la subida, fue este año un fiasco y una tomadura de pelo. Algunos veían como su ya exigua pensión era mejorada en 25 céntimos de euro. Una mierda pinchá en un palo, similar a la que Pablo Motos entrega en algunas ocasiones a los concursantes de sus cajas de Trancas y Barrancas que gestiona Manolo Sarria. Y es que hay momentos en la vida en los que después de soportar con estoicismo que se queden contigo llega un día, en el que sin saber los motivos, revientas y te pones al frente de la lucha. Y eso les ha pasado a los abuelos.

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