Editorial

Chávez gana, pero se debilita

LAS principales ciudades de Venezuela negaron el domingo su apoyo al Partido Socialista de Venezuela (PSUV), que lidera el presidente Hugo Chávez, aunque esta formación mantuvo una cómoda mayoría en el país, revalidando los cargos de gobernadores en diecisiete de los veintitrés estados político-administrativos en que está organizada Venezuela. Han sido unos comicios, regionales y municipales, en los que se ha registrado una amplia participación ciudadana y no se tienen noticias de incidentes que alteren la voluntad popular. Las elecciones fueron planteadas por Chávez como un plebiscito sobre su persona y su figura, de modo que algunos de los candidatos del PSUV eran completamente desconocidos por el público, pero salieron adelante gracias al aval del carismático dirigente. Es de destacar que Chávez mantiene unos índices de popularidad superiores al 50%, y ello pese al fracaso que cosechó al plantear en un referéndum nacional la posibilidad de prolongar su mandato más allá de 2012, cuando legalmente ha de cesar. Los observadores reconocen que el idilio del presidente con los pobres de su país, que ha empezado a quebrarse, tiene una fecha aproximada de caducidad, relacionada con el precio del petróleo en los mercados internacionales (en unos meses ha pasado de 150 a 50 dólares). Son precisamente los ingresos por las exportaciones de petróleo los que han permitido a Chávez realizar una política populista, de subsidios y ayudas sociales a los sectores más desfavorecidos, que han mejorado sustancialmente la sanidad y la educación. Todo ello ha sido compatible con una política económica errónea y una política internacional bravucona que están propiciando el aislamiento del régimen y una situación de carestía y desabastecimiento nada acordes con el carácter socialista del que Chávez se reviste. También es cierto que el presidente se beneficia de tener enfrente a una oposición desunida y escasamente creíble, implicada en buena parte en un intento golpista, a la que atemoriza con acciones callejeras dudosamente democráticas y coarta con las restricciones impuestas a los medios de comunicación independiente. Sigue Chávez, pero más débil que antes.

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