HOJA DE RUTA

Ignacio Martínez

Jueces

Un grupo heterogéneo y multinacional de jueces nos ha proporcionado algunas de las noticias más sonadas de los últimos días del año. Uno de Londres ha embargado los aviones de Air Comet y ha precipitado la quiebra de la compañía del presidente de la CEOE, Díaz Ferrán. Que en un desliz ha emulado al mayor de los Hermanos Marx, cuando dijo que él no volaría con Air Comet a ningún sitio. La cosa tiene guasa, pero ninguna gracia.

Y menos gracia todavía tiene la sentencia que un juez norteamericano le ha impuesto a una madre española que tiene a su hija en Valencia y se niega a entregarla a su padre. Un asunto para autoridades judiciales más flexibles: resulta que ambos cónyuges, después de un mal divorcio, tienen la custodia de su hija, otorgada por dos sentencias contradictorias de tribunales de sus respectivos países. Si nadie media, esta mujer va a pasar 14 años en prisión y su hija va a crecer sin padre ni madre. Un caso desconcertante: si en vez de norteamericano el ex marido fuese un árabe, de Siria, Palestina, Egipto o Marruecos, pongamos por caso, ya estaríamos con la cantinela del choque de civilizaciones, el machismo musulmán y los regímenes poco democráticos. Pero no, esto pasa en el moderno Estado norteamericano.

No hay nada peor que un mal divorcio. Un juez de Familia de Sevilla se ha ganado la protesta general de organizaciones feministas por señalar que no se hacen estadísticas oficiales de los hombres muertos por sus parejas, ni sobre las mujeres que hacen falsas denuncias de malos tratos. Francisco Serrano, como otros colegas, insiste en la mediación familiar para que las rupturas no sean traumáticas. Se le ha denostado, pero no parece un magistrado del estilo del juez Calamita, inhabilitado durante diez años por el Tribunal Supremo por dejarse llevar en sus decisiones por sus ideas homófobas. 

El despropósito, en todo caso, no es una exclusiva de los jueces. El jefe de la CEOE se agarra al sillón, impasible. Aunque tiene la oportunidad de superar a Groucho: podría decir que él no pertenecería nunca a una asociación que le tuviera como presidente.  

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