Leyes inocuas

Nos ha extrañado determinadas decisiones de la justicia territorial de países de la Unión Europea o "desunión" europea

Aveces, a veces, estimados y apreciados lectores fieles a este independiente periódico, hay que inyectarse fantasía para no morir de realidad. No hay una semana del año, que no esté envuelta en intensas y extensas tribulaciones socio políticas de todo tipo, las cuales nos impactan en nuestro espectro telúrico individual y colectivo, en las relaciones domésticas y profesionales, que nos inciden clínicamente en un cada vez más desencanto espiritual, ético y moral, a pesar de estar en la plena Pascua cristiana, en dónde la Resurrección del Altísimo no ha calado en los gestos, miradas y silencios humanos rostros de nuestros invictos políticos con o sin máster.

Nos ha extrañado determinadas decisiones de la justicia territorial de países de la Unión Europea o "desunión" europea, al menos sentimientos contrariados, aunque una parte electoral de la ciudadanía española, no podemos obviarla, defienden sin recto proceder y el bien común dichos pronunciamientos jurídicos parciales, y otros dependen su flamenca opinión, si es por la mañana o por la tarde, o en tierras de María Santísima, Andalucía, o en tierras de Ultramar, todo viciado por el disputado voto electoral, tan esencial en un país tan democrático como el nuestro.

Qué nos puede extrañar de estas famélicas interpretaciones y opiniones ante leyes inocuas, que regulan erróneamente causas políticas con conceptos jurídicos indeterminados, así como, la dignidad de las ciudadanos y ciudadanas como corporal materia mortificante de los sentires humanísticos, en vez de como personas provistos de razón, corazón y alma o trascendencia.

Va a ser muy complejo y difícil en estos tiempos y espacios públicos nada ilustrados de la globalización, la internalización y la robotización , reconducir la situación política nacional ante la falta de credibilidad por parte de la ciudadanía de quienes deberían de estar impregnados en su altruista gestión pública y filantrópica buena gobernanza con principios y valores aristotélicos o escolásticos o cuánto menos respetuosos con las normas universales derivadas del filosófico, teológico y jurídico Derecho Natural.

En fin, al menos, al menos, fieles lectores, siempre nos quedará en el rescoldo de las tibiezas como esperanzador consuelo, la frase y expresión francesa "laissez faire, laissez passer", que significa «dejen hacer, dejen pasar».

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