Editorial

Quemar retratos del Rey

LO ocurrido el pasado miércoles en la Audiencia Nacional hace un flaco favor a las instituciones democráticas y alienta, en cierto modo, las actitudes vandálicas de sus enemigos. El juez Vázquez Honrubia se vio forzado a absolver a dieciséis independentistas catalanes que habían protagonizado una quema masiva de retratos del Rey en Gerona. No presuntamente: quienes se sentaron en el banquillo de los acusados reconocieron plenamente su participación en los hechos enjuiciados. No sólo eso, sino que se ufanaron de su actuación y reiteraron en la propia sala el juicio que les merece el jefe del Estado. El juez no tuvo más remedio que decretar la absolución de los encausados ante el súbito, e inexplicado, cambio de opinión de la Fiscalía, que rebajó a acusación de delito de injurias hasta convertirla en una supuesta falta de desórdenes públicos, tipificación que escapa a la competencia del tribunal en cuestión.

El Ministerio Público no ha podido estar más desacertado en este caso. Fue precisamente el fiscal quien instó este procesamiento teniendo presente la existencia de una condena anterior a otros dos republicanos radicales por el mismo motivo. Ambos fueron condenados por un delito de injurias graves a la Corona. Incomprensiblemente, en este segundo caso la misma Fiscalía, partiendo de incidentes semejantes y disponiendo del mismo material probatorio, decidió unilateralmente reducir la calificación de los hechos, que quedaron limitados a una simple falta leve. De este modo, los radicales salieron de la Audiencia si el más mínimo reproche penal.

Insistimos en que la acusación pública no ha dado explicaciones de su cambio de criterio en un asunto que no es baladí. La libertad de pensamiento, ideología y expresión ampara a quienes creen que España debe prescindir de la Monarquía parlamentaria y caminar hacia una nueva República, pero no el insulto, la afrenta y la agresión contra el Monarca que ostenta la Jefatura del Estado. Alguien podría pensar que quemar la efigie del Rey o escupir a la bandera de España es gratis ante la Justicia y proporciona publicidad a sus autores. Es el peor mensaje que podrían recibir los gamberros que disfrazan su condición violenta e intransigente bajo el manto del republicanismo. Es insensato que reciban vía libre a sus desafueros.

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